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Martes , 11.12.2018 / 19:27 Hoy

Agua de azar

La Ley del Hielo

Jorge F. Hernández

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Por su siglas en inglés (Immigration and Customs Enforcement), las ominosas garras de la Migra Gringa se llaman ICE; es decir, hielo. Helada metáfora del Infierno, en pasadas semanas han acumulado el deshonroso palmarés de sumar casi tres mil niños detenidos, separados de sus familias apelando a una ley que no existe. Se trata de interpretaciones legales que transpiran desde el oprobioso copetito amarillo que le cubre la calva a Donald J. Trump, hasta la rancia saliva robótica de los agentes migratorios que cumplen con la descabellada política sin protesta alguna, sin que nadie haya renunciado en ninguno de los niveles administrativos de una inmensa burocracia que tiende abiertamente a definirse no solo como racista, sino fascista.

Los niños detenidos somos nosotros; guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, mexicanos… somos todos. O no, pues hincha las venas leer en las redes los comentarios triunfalistas de cientos de lunáticos que celebran el encarcelamiento de todo migrante o, peor aún, el funcionario imbécil que intentó imitar los lamentos de una niña con síndrome de Down que fue separada de su familia.

El estúpido argumento de que la Ley del Hielo intenta ponerle freno de mano dura a la llegada de criminales y violadores se deshace en cuanto queda claro que están acusando no solo a menores de edad como delincuentes en potencia, sino a sus padres y madres como criminales o ilegales cuando en realidad es cuestión de etimología en cualquier idioma: la persona que no tiene papeles o visa podrá ser llamado infractor o considerársele sujeto a sanción por incumplimiento o ausencia de documentación, pero jamás “ilegal” o “culpable”. Quien subraya el afán nada precautorio sino acusatorio está ocultando la verdadera saliva que flota en las venas de una creciente mayoría fascista: RACISMO, y lo que enarbola el infinito imbécil de Trump es nada menos que un crimen de lesa humanidad. Nada más.

Hay maneras de suscribirse en páginas que reprueban el clima siniestro de esta nefanda ebullición, y hay redes bien consolidadas para clamar por la justicia; hay maneras de ayudar a los ofendidos y auxiliar a los cientos, quizá miles, de seres humanos que huyen del abismo y desahucio en busca de un sueño que se parece mucho a lo que imaginaron los antepasados del propio Trump y que se encuentran con toda la estulticia en que finca su superioridad en la cultura que niega la migración.

Hay maneras de derretir el hielo con espejos que aprovechen los rayos del Sol para lanzar por encima del muro de la intolerancia la peor imagen de ese inmenso país del Norte que no merece redefinirse únicamente como el imperio nazi que ahora es, y hay maneras de espetarle a la mínima conciencia el noble ejemplo de la desgracia que provoca la cerrazón, necedad y odio con el que hablan, actúan y piensan los que apoyan este tipo de horrores.

Agotemos las mejores palabras y calentemos el silencio con el afán de derretir el hielo; no es la primera vez que un régimen obnubilado por el engaño intenta justificar su falsa integridad con medidas inhumanas, con afanes asesinos y un inmenso velo de hipocresía y ceguera, y sí, la primera vez que el mundo entero que no traga de esa savia haga resonar la razón y cordura con la que tanto Mal —con mayúscula— cae en cuentas, rinde cuentas y deja de contar la hipnótica perorata irascible de sus mentiras imperdonables.

Me pregunto si es posible que uno mismo haga una denuncia formal ante el Tribunal de La Haya, la OEA y la ONU, o si se vale que, como mexicano, acepten una queja ciudadana, enfática y personal, en el Congreso de Estados Unidos. En tanto lo descubra, exhorto a todo lector de estas líneas que pondere lo siguiente: todo lo de Trump ha de ser comentado con una seria convicción de que estamos ante un fascista, racista, mentiroso, alopésico, machista, usurero, ignorante y peligroso individuo, y ya no solamente el risible error que se engañó a sí mismo para llegar al poder. Este imbécil ya no es de risa, y de no haber conductos legales que acojan mi repudio y condena hacia él y sus simpatizantes, su gobierno, gabinete, colaboradores íntimos y familiares, quiero que conste que, con estas líneas, por lo menos me cago en todos ellos.

jorgefe62@gmail.com

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