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Sábado , 20.10.2018 / 07:11 Hoy

Agua de azar

La espera

Jorge F. Hernández

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En lo que esperamos un mejor mañana, hay quienes se distraen haciendo cuentas, haciendo que hacen y pensando en la nada mayúscula. En casi callados murmullos se escucha una rara plegaria o la pegajosa canción que alguien lleva metida en los audífonos, y también quienes memorizan todo lo que piensan hacer en cuanto ese mejor mañana amanezca por la puerta aún cerrada.

Allá adelante hay un hombre de bufanda que evoca primaveras pasadas, y el tipo que recuerda a una prima insomne; está el que repite fórmulas matemáticas sobre la pantalla invisible con la que prepara sus clases y la guapa que vino con bolso de viaje. Están los amigos que discuten todo sin realmente dirimir nada, y el que se cree galán con gafas prestadas, el alto cuya estatura le permite otear la misma realidad de siempre pero desde una altura que brinda comodidad, y el anónimo callado que lleva en los labios el único beso intacto que logró salvar de un nefasto naufragio.

Varios en fila parecen ordenados y obedientes ciudadanos de la conformidad, pero quedará siempre la duda de si no se trata de terroristas en potencia, callados delincuentes que esperan el pasado mañana para instalar el peor clima de antier. Está la niña que se hizo mujer con prisa, y no alcanzamos a ver al anciano que solo desea que instalen columpios en el parque que le queda enfrente de su asilo, la abuela que olvidó una receta de cocina y el estudiante que prepara los últimos exámenes de su vida.

Sobre los rostros de todos están las nubes invisibles de sus sueños, y cada uno lleva a la espalda las mejores intenciones de treinta y tres fantasmas de otros siglos que esperan también ese mejor mañana para confirmar todos los milagros que honran al planeta en tinta que habitan sin saberse dibujados, a la espera de una trama colectiva que les permita redactarse a diario su propio cuento y extender en novela el mínimo instante en que dos se miran para parecer uno solo, jugando al cíclope con la punta del dedo y las bocas confundidas en un diálogo sin palabras... Pero todos, incluso los que a veces nos quejamos en la cola, no deberíamos olvidar que para todos y cada uno de nosotros la espera es idéntica.


jorgefe62@gmail.com

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