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Martes , 11.12.2018 / 17:50 Hoy

Agua de azar

Inmensos Insectos

Jorge F. Hernández

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Para quien creía que se trataba de un microbio moldeable, un insecto del pretérito sin colores, el renacimiento del fascista de bolsillo ha probado ser un dinosaurio inmenso de serio peligro. Hablo no sólo de quienes creen que Trump es un payaso de risa sin considerar que sus tentáculos ya han mancillado la cordura, cordialidad y coordinación de una amplia red de políticas públicas y escenarios económicos que ahora fincan la peor de las desgracias y por ende, es más grande su maldad y más diabólica su existencia de lo que creíamos al verlo en microscopios; hablo también de millones de votantes que han elevado increíblemente el vientre cicatrizado y el cerebro lobotomizado de Bolsonaro do Brasil, admirador de Göebbels, fascista, racista, machista, xenófobo, clasista… y próximo nuevo autoritario desatado en este mundo donde creíamos ver como insectos a los inminentes peligros inmensos que ensombrecen el planeta.

Tanto documental sobre las guerras del pasado, y tanta película donde suponíamos preparar la conciencia del futuro para abatir las amnesias y parece que en realidad, Mr. Trump, Bolsonaro y todas las olas nefandas de la derecha fascista aprovecharon los mismos documentales y películas como abono a la nostalgia y anhelo de sus proyectos totalitarios. Son soldados que traen antojo de exterminadores, corruptos que anhelan uniformes en blanco y negro y salivosos sádicos que esperan el mínimo pretexto para elevar en cada uno de sus reinos los cotos de represión y censura, ignorancia y bestialismo que apuntalan sus proyectos de supuesto progreso y calculado provecho.

En el clima incómodo de las improvisaciones parece haber caído sobre diversos paisajes del mundo una neblina de ignorancia, mezclada con erradas intuiciones, donde las consignas absurdas de dementes de toda laya se multiplican como maná. Ya hemos agotado la insistencia por lo contrario: el cultivo de las ideas, el abono de la crítica, el espacio para debate o las riendas de la cooperación, los senderos del respeto… bla, bla, bla en los oídos huecos de millones de hipnotizados que deambulan con audífonos ajenos al prójimo, alejados de todo libro, enganchados a los videos de cuatro minutos, al meme instantáneo y al chateo imbécil. Millones de zombies que caminan mirando la pantalla y que por ende, de votar si es que votan, no optan ni eligen, sino que apoyan o apuntalan la verborrea, el abono del odio, las ansias de vengarse de quién sabe qué o quién, las ganas de uniformar o homogenizar los pasos, la coreografía del terror que en principio se disfraza de tabla gimnástica.

Creímos que eran microscópicos manchones en el mantel de una sobremesa donde ha tiempo que en realidad nadie habla y todos gritan. Creíamos que eran amargados diminutos, enanos de carcajada y bigotito recortado, papadas de charlatanes y flequillos que se agitaban en el espejo de la simulación y en realidad, se han expandido en las pantallas planas y en las miradas ominosas de tantos anónimos ogros que fijan la mirada en uno, cierran los puños en la bolsa de sus gabardinas y están al filo de soltar amarras; hablo de esos que ya sueltan disfrazados como chistes sus consignas más que misóginas y sus chasquidos opresivos, que insinúan la desesperada necesidad que sienten por un mazo que ordene a la masa, un golpe que vuelva a instalar el silencio o una llama que queme los versos de los poetas que nos dieron alas y las novelas que vuelan libremente. Creíamos que eran hormigas infinitamente pequeñas y en realidad, son del tamaño de los edificios más altos donde se calculan por millones los beneficios de este giro aparentemente inexplicable por todo lo que parecía superado, allende las púas, la sangre y tanto muerto. 

jorgefe62@gmail.com

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