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Viernes , 21.09.2018 / 19:27 Hoy

Agua de azar

Ecos de un silencio

Jorge F. Hernández

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Por lo menos un minuto callado para intentar honrar a los miles de muertos que se suman durante la pasada década, los pasados doce meses, la semana pasada. Lejos de la plaza, acarreados e indignados unidos por la misma noche, intentar honrar a las abuelas que aún se ponen de pie sin que nadie las vea y en habitaciones a media luz al escuchar el himno nacional, a los niños que se entretuvieron lejos del mundo pintando banderas tricolores con crayolas prestadas, los inmensos paisajes que no escuchan discursos, los cerros morados al atardecer, las playas intactas, las caras anónimas, los nombres de los muertos, los caminos olvidados, las casas en obra negra, la inmensa casa de siete millones de dólares construida con dinero malhabido que quién sabe quién habitará, el espejo de las mentiras, la pared de enfrente, el cuello grande de la camisa almidonada, los gestos mecánicos, las arrugas de los ancianos que ya ni lloran, los nombres-apellidos-retratos de cada uno de los desaparecidos, el sabor de las frutas, el inútil recurso de diversas ignorancias, el afán de quienes intercalan frases en inglés para hablar como mexicanos, las transas del futbol, las calles inundadas y todas con baches, los equívocos cívicos, la historiografía de oídas, la economía de ficción, la literatura de todos los poetas muertos, la imposición artificial de las tamboras, la culturita ignorante del narco y sus simpatizantes, las pistas aéreas clandestinas, el eterno quinto partido, la utopía de secretarías disfuncionales, las verdades a medias, las mentiras veladas, los himnos olvidados, los juegos pirotécnicos, el casi extinto olor de la panadería, las monedas que sonaban al volar su valor, la Conspiración de Querétaro, la sobremesa sin llanto, la madrugada sin miedo, las ganas de cantar, la Llorona de todas las generaciones, el cura hasta entonces anónimo que no gritó lo que dicen que gritó en la madrugada de Dolores, la yegua prieta que lo llevó hasta Atotonilco y el inventado corcel blanco con el que lo pintaban en las estampitas de papelería, el perfil de las tías abuelas y Josefa Ortiz de Domínguez en la cara de los quintos, los luchadores de plástico, los dulces hechos a mano, la tipografía de las golondrinas, los muros encalados, las calles empedradas, las bugambilias moradas, la música de viento, las trenzas con listones, los zapatos de charol, el respeto al derecho ajeno, los libros que ya nadie lee o leyó o leerá, las plumas atómicas, los teléfonos públicos, los manteles de plástico, la niña de sus ojos, la pulsera en la muñeca, los manubrios con flecos, los globos no plateados, la carcajada de la sirvienta, el olor de la mezclilla, los engominados despeinados,
la hipocresía de ciertos panzones, las mentiras de unas gordas, las lonjas de superhéroes, los soldados de plomo, los días de campo, rayar un caballo, las corridas de toros, los nombres de las canicas, saber cantar la lotería, la nervadura de miles de vías férreas cuando el país tenía trenes como sistema de circulación sanguínea, la inexplicable persistencia de La Bestia o de todas las bestias, la patética dependencia del teleprompter para discursos huecos y el gasto inútil en pintar mamparas, los horrendos anuncios espectaculares que arruinaron las orillas de los caminos, la cara de los borregos, el tamaño de un semental, la madera sin barnizar, estambres de colores chillantes, leche con nata, las becas inventadas, flor de Jamaica, los subsidios innecesarios, cajeta de Celaya, amarrar un mayate, chistar de salamanquesas, palomulato, jarana de requinto, curado de avena, novenarios constantes, el paliacate de Morelos, molinos de viento, palabras en náhuatl, rayuela con gis, pizarrones negros, las patillas de Allende, la historia oficial y de bronce, todos los muertos vivos, los hijos de Pedro Páramo, organilleros uniformados, mangueras verdes, basureros anaranjados, bolearse los zapatos, papel picado y pájaros que no vuelan, chicharrón prensado y jícama con chile, piñatas de siete picos, chistes instantáneos de desgracias inmediatas, palmeras en medio de camellones, cerros nevados, carreteras de sombra, espuma con basura en playas abandonadas, hoteles trasnochados, chambelanes de quince años, cantera verde de Oaxaca, todos los niños, piedras rosas de Zacatecas, miles de perros flacos, las escalinatas de Guanajuato, la cara de anciana callada, el obrero que no habla, todos los muertos, las ganas de gritar...

jorgefe62@gmail.com

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