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Viernes , 22.06.2018 / 22:48 Hoy

Agua de azar

Cambio de trama

Jorge F. Hernández

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Ahora que llegas al lugar de donde nunca te has ido, amanece el nuevo día que es otro y el mismo que anochece por encima del mar. Vives ahora el día que es al mismo tiempo año y las dos décadas que se irán sumando hora tras hora, cada minuto. Las sílabas de tu nombre se mantienen intactas, sumadas a todos los rostros de todas las caras que tienes: las pocas veces que se te ha visto llorar de tristeza y las pocas veces que te han visto enojado de veras, porque la mayoría de todas las veces andas de sonrisa y carcajada abiertas con los brazos en alas que luego se cruzan para esperar el frío o el sueño que duermes así desde que naciste.

Quizá tu madre te regaló el mar en los ojos y el cielo sin nubes bajo los párpados o alguien te multiplica los dedos cuando escribes en braille sobre las teclas de un piano y duplicas las cuerdas de guitarras, jaranas y contrabajos en sones y sabores. Quizá no reconozcas en el espejo el semblante que llevabas en hombros de alguien en cuanto te cansabas de caminar y esa bendita manía de no empezar a comer hasta que todos estuvieran sentados a tu alrededor. Quizá tu hermano mayor te ha pavimentado el camino resanado de dudas para que tú mismo te hagas quizá las mismas preguntas del mundo. En pocas semanas volaste por tierra en un tren que atravesó toda España en el mismo tiempo que tarda un tren viejo de Madrid a Salamanca, y el Mediterráneo se deletreó ante la vista como todas las canciones que te lo anunciaban y la filigrana que alguien talló en la fachada de una catedral a la vera del río por donde vaga para siempre un ciego con su Lazarillo de travesura diaria. Deambulaste la noche de Toledo o de Coyoacán en el horario sincronizado del sueño y lees los cuadros al óleo de los museos que te quedan a mano y las pinturas de los párrafos de todos los libros que se abren como partituras.

Amaneces la madrugada que contiene ya todas las páginas de un libro que escribes todos los días y la noche que apenas empieza de todos los volúmenes por venir, las crónicas impredecibles de otros viajes, la reseña de las películas que quizá te aburran, el ensayo literario de la música que aún no compones y el poema que ya probaste en tus labios para nunca olvidar. Anda y camina, verás que no están equivocados todos los personajes que esperan a la puerta de un párrafo en busca del cambio de sus respectivas tramas, convencidos de que el autor tiene ya izada la pluma con la tinta extraña de quién sabe qué color morado para que sus diálogos se vuelvan más fluidos, sus aventuras más increíbles y sonata de solista la sinfonía donde tocan demasiados instrumentos de los demás. Anda y corre para que veas que no están errados los personajes en fila que son todos los próximos y prójimos que no precisan del plagio ni de la mentira, del abuso constante, del robo sutil o descarado con el que creen tener siempre la razón todos los que gritan incluso cuando se callan, los que deambulan impunes y fardando su horrenda máscara de amnesia. Corre y anda a la puerta que no se abre para esos ni para todos, sino solo para los pacientes personajes que son justos porque no saben que salvan al Universo con hacer lo que tienen que hacer, decir lo que no necesariamente ha de lastimar a nadie y pensar primero todo lo que creen que pueden hacer o hablar; esos que se levantan a la hora exacta que se propusieron arrancar la nueva jornada, la siguiente frase o el punto y seguido que quedó pendiente de una emoción que no merece flotar en vilo.

Toma tu lugar en la fila interminable de entrañables personajes que esperan sin impaciencia a la puerta donde dicen que el autor cambia la trama sin saber que al abrirla, se topan de frente con el espejo empañado de vapor de neblinas o vaho de secretos donde cada quien en cada cual murmura la íntima fórmula callada con la que cambia su propia trama. Al echar la vista atrás verás a todo el mundo que tocas con vivir y tanta gente buena que celebra tu vida como el libro que abres en Sol mayor, tanto personaje que viaja en tranvías amarillos hablando a solas y la fidelidad incondicional de tus mascotas, tanto paisaje que pintas y tanta vida por delante. Que no te quepa duda: aquí y allá, estoy para abrazarte.


jorgefe62@gmail.com

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