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Domingo , 22.07.2018 / 11:41 Hoy

Trampantojo

¡Trump nos hace los mandados!

Jorge Fernández Acosta

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No, no se acaba el mundo. Al contrario, nos encontramos ante un escenario pleno de oportunidades y todo depende de cuan creativos y hábiles seamos para sortear las no confirmadas calamidades que ensombrecen el panorama de los pusilánimes. Lo que el triunfo de Donald Trump significa para la economía política global es obvio que repercute en la frágil y vapuleada macroeconomía de nuestro país y, sin embargo, es un asunto que nos debe tener sin cuidado y hay visos de esperanza en el microcosmos del cotidiano existir.

Es curioso observar cómo, en estos días subsecuentes a la fatídica elección del presunto martes negro, comenzaron a escucharse voces, lamentos y alaridos aterradores que auguran un futuro terrible y desastroso nada más llegar Trump al poder. Si, es cierto, el presidente electo representa una seria amenaza para la paz, la tranquilidad y la convivencia civilizada entre los individuos y entre las naciones. Sus ideas y argumentos racistas, misóginos y de lesa inteligencia política prefiguran un panorama nada halagüeño que debemos aprender a confrontar y mitigar sobre la marcha. No hay alternativa.

En México, esas voces de pánico han salido a gritar, a todos los rumbos del cosmos, que debemos voltear a ver hacia adentro y encerrarnos en el consumo interno como estrategia de defensa ante los embates de la inmisericorde adversidad que se avecina. "Compre productos hechos en México" arguyen: Vaya a la tienda de la esquina, acuda al mercado o al tianguis y adquiera los insumos para el día a día surgidos del campo y manos mexicanas. Que, patriótica y heroicamente, debemos rechazar las mercancías extranjeras –norteamericanas en específico– y negarnos a recibir los beneficios de la tecnología y la calidad que nos ofrece el mercado de la excelencia mundial... de no hacerlo, seremos peores que doña Marina.

No comprar en Wall Mart, ni consumir Coca Cola; No asistir a Cost&Co, ni usar Nike... Vaya, me parece que asumir tales actitudes raya en los linderos del absurdo y el falso nacionalismo. Es ingenuo, pueril e inocente. No, la solución a la crisis que nos agobia no anda por esos caminos. Nuestra vida no se resolverá comprando Gansitos, ni leche Sello Rojo, mucho menos tortillas o aguacates, ni tenis Charly o ropa de Zapotlanejo. La enorme dimensión de la crisis internacional no nos alcanza para eso.

Lo que en realidad nos hace falta, para lo que en verdad debemos estar preparados es para adoptar innovadoras estrategias para conseguir una transformación cualitativa de fondo. Debemos revocar nuestra ancestral apatía y conformismo. Obliga comenzar a actuar para generar riqueza compartida de amplio espectro. Pensar en lo que podemos hacer -con lo que tenemos a la mano, aunque sea importado- para producir bienes de capital y bienestar material de extraordinario nivel cualitativo. Aprender a crear tecnología, alcanzar los estadios de la investigación aplicada, reconvertir nuestros hábitos para mejorar la educación y superar los estándares hacia la excelencia, invertir en las personas y ganar la confianza indispensable para derribar el muro de nuestras propias limitaciones y atavismos históricos. ¡Trump nos hace los mandados!

jfa1965@gmail.com

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