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Martes , 19.06.2018 / 00:54 Hoy

Trampantojo

Torito reposado: El aprendiz de dictador

Jorge Fernández Acosta

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Muy lejos de la inteligencia de Hitler y, aún más, ajeno a la gracia de Hugo Chávez, el secretario de Movilidad dictó la cátedra del absurdo. Dueño de todo su poder, profirió una perla digna de las más candentes e ignominiosas contribuciones a la historia universal de la infamia y la desmesura -poseído por el Síndrome de Hybris- en un acto que develó un pensamiento protervo y lo desnudó de cuerpo entero como adalid de la inconsciencia. Perdió el piso y experimentó la sublime sensación de la omnipotencia que le obnubiló la razón: Como por todos es sabido, ordenó, a ley de sus pistolas, la suspensión del exitoso programa denominado Salvando vidas a efecto de permitirse privilegios para sus conveniencias y posadas, aderezadas con Torito Reposado, elixir de la soberbia.

No, el señor secretario se equivocó. En la democracia no caben exabruptos de tal naturaleza. Es inconcebible e inadmisible que ocurran este tipo de decisiones desafortunadas que atropellan y fracturan los principios fundamentales de la convivencia civilizada además de atentar contra el más elevado espíritu de la equidad y la justicia. Tampoco es digno de la lógica de la igualdad al marcar diferencias entre ciudadanos comunes y servidores públicos corrientes. Con su incongruente instrucción dictatorial afectó de manera negativa el buen desarrollo del operativo -hasta antes de ese día- y con ello le restó confianza y credibilidad a una dependencia que no ha cumplido su cometido a cabalidad.

Ahora bien, señor pseudodictador omnisciente, cuán lejos está usted de la sabiduría y la coherencia. Es evidente que desconoce los significados fundamentales de la eficacia democrática que brinda oportunidades para todos, sin distingos. Además, sepa usted que, por más que la ley lo ampare para justificar sus atribuciones, en el caso que nos ocupa, no existen argumentos verosímiles para explicar cómo y por qué haya optado usted por asumir -a su libre albedrío- la propiedad y los derechos sobre una estrategia, léalo bien: “institucional”, implementada para acceder a mayores niveles cualitativos de bienestar y fomentar con ello mejores condiciones de circulación en pro de la salud pública. El problema no sólo es haber cometido el grave error de cancelar el torito por ese día. El verdadero fondo del asunto, lo que en realidad preocupa, consiste en constatar su arbitraria interpretación de las políticas públicas y su bajo concepto del servicio público. Gente de su ralea es indigna de un cargo tan importante.

Existen además otros agravantes -que huelga citar aquí- respecto a su labor al frente de una dependencia que debería ser modelo para la transformación que Jalisco demanda, pero que, a su cargo, en dos años, ha dado fehacientes muestras de incompetencia e incapacidad para conseguir consolidarse como el motor de la movilidad y el desarrollo estatal. Bien le hará al Estado que el gobernador rectifique su postura y considere pedir al Aprendiz de Dictador su renuncia por así convenir al interés público.

jfa1965@gmail.com

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