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Sábado , 21.07.2018 / 15:19 Hoy

Trampantojo

Querido Pablo: ¡La demolición es la solución!

Jorge Fernández Acosta

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Hace algún tiempo, la voracidad por el caprichoso negocio inmobiliario, aunada a la permisividad y debilidades del gobierno en turno, aderezado con la precaria o nula cultura respecto a los valores de la sustentabilidad –como estrategia de preservación de las condiciones para garantizar la perdurabilidad de los recursos en aras de un mejor y promisorio futuro para todos– hicieron posible la comisión del artero acto de lesa inteligencia ambiental contra el énclave más importante para salvaguardar la calidad de las condiciones climáticas del área metropolitana de Guadalajara. Me refiero al hecho atroz, conocido por todos, del proyecto nefasto de la Villa Panamericana, levantada (y abandonada) sobre la franja de amortiguamiento del bosque La Primavera.

Lo he señalado con antelación y oportunidad. Ahora lo reitero: Ningún costo económico justificará jamás la permanencia en ese lugar de una fábrica demencial que atenta contra los más caros principios de la vida civilizada. Existen tantas y múltiples razones o motivos de índole jurídica y de respeto a la ley, que huelga enunciarlos aquí. La villa violó la normatividad y violentó la armonía de los ecosistemas. Nunca debió autorizarse su edificación en ese sitio de privilegio y mucho menos a costa de los recursos financieros extraídos del patrimonio de los trabajadores mediante argucias legaloides. No, no hay cabida para ningún uso. Cualquier pretensión de aprovechamiento y usufructo para justificar la inversión y pretender la recuperación de tales recursos es una tremenda aberración que afecta negativamente las aspiraciones por recuperar la gracia del bosque de la vida.

Hoy por hoy, la lógica nos invita a reflexionar y actuar para definir, con inteligencia y fortaleza, los destinos que queremos construir para generar el equilibrio sistémico que demanda un cuerpo social ávido de soluciones hacia concretar una mayor calidad de vida. Nos encontramos en un momento que nos posiciona en la antesala de la historia –de hacer historia– y considero que somos capaces de generar la conciencia suficiente para tomar decisiones conjuntas y consensuadas respecto a qué hacer con la villa. Insisto: La única alternativa para compensar o revertir el daño –y rectificar el rumbo– es restituir a su estado natural la escena del crimen.

¡La demolición es la solución! Nada obsta para tomar una determinación pletórica de heroísmo que sería el paradigma de la reivindicación ambiental. Quienes fuesen capaces de resolver, con asertividad y eficacia, los vericuetos para vencer los intereses egoístas del capital que pesan sobre los sueños y deseos de quienes vislumbramos escenarios de progreso material positivo, con base en el ejercicio de la gobernanza como sustento de la dimensión ambiental del desarrollo, serán capaces de garantizar que las generaciones futuras sepan que ésta tuvo los arrestos suficientes para exigir el cumplimiento irrestricto de la ley. Demoler la Villa Panamericana es ahora una obligación que nos compromete para recuperar la confianza. Querido Pablo (Lemus)... Nobleza Obliga ¡Actuemos!

jfa1965@gmail.com

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