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Trampantojo

La abolición de la libertad

Jorge Fernández Acosta

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Jalisco ocupa un lugar de privilegio en el concierto nacional. Históricamente se ha posicionado en el sitio que la cultura y el folclor le han asignado como representante de la esencia del ser mexicano. Es en este estado de maravillas que se han dado cita acontecimientos y personajes que a través los años han dado lustre, prestigio e identidad a la efeméride de la patria. Aquí están fundadas las bases de las aspiraciones y anhelos por conseguir el estado de bienestar al que la sociedad tiene derecho y aquí se han fincado las condiciones para constituir las fortalezas que soportan nuestro relevante papel en el proceso de desarrollo del país en materia económica, tecnológica y hasta política.

Es cierto que aún nos falta mucho para alcanzar la plenitud civilizatoria y para encontrar las soluciones que nos conducirían a convertirnos en el estado perfecto en donde las utopías nos garantizaran la prosperidad, la seguridad y la felicidad que no hemos sabido conseguir. Sin embargo, hablar de refundar significa trastocar las ideas y tergiversar los preceptos. Lo que el estado demanda es construir un innovador pacto social que posibilite la creación de nuevas dinámicas de distribución de la riqueza y propicie el establecimiento de sinergias positivas en la relación institucional entre el gobierno, los ciudadanos y el aparato productivo. Asimismo, que permita que ocurra la renovación de los modos en el trato entre los ciudadanos con los ciudadanos, con la mira de comprender los elevados conceptos de la gobernanza, sobre todo, el lo que concierne a la generación de capacidades socio-críticas para la participación ciudadana en el sistema democrático.

No, no necesitamos una refundación. Los cimientos están firmes y la estructura social está capacitada para soportar los embates de la corrupción y la impunidad a la que la han sometido las malas prácticas de políticos sin escrúpulos que han transitado en el devenir del poder. Lo que necesitamos es una conciencia social renovada y necesitamos entender que ya es tiempo de actuar con sustento en valores y principios democráticos en aras del beneficio compartido. Las actuales circunstancias nos obligan a estar en alerta. Vienen días de crisis e incertidumbre; de imposiciones, caprichos y exabruptos. La única certeza es el ejercicio de la política del miedo, la intimidación y la amenaza en el afán por ejercer el control absoluto de la vida pública, con el riesgo de transgredir la ley bajo el argumento desvirtuado de una pretendida legalidad con doble moral.

Estamos en crisis, es decir, corremos riesgos pero nos encontramos ante escenarios de oportunidad en los que nuestro rol es de vigilancia y seguimiento, con espíritu crítico. Como ciudadanos debemos estar atentos y fungir como contrapeso de equilibrio, para no quedar sometidos al imperio de la sinrazón de quien se obnubila con el poder y que ha iniciado ya su ambiciosa carrera hacia el zócalo. Llegarán días y momentos difíciles, ha comenzado el fin del tiempo. En un metafórico 6 de diciembre, la refundación simboliza la abolición de la libertad.

jfa1965@gmail.com



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