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Jueves , 18.10.2018 / 02:28 Hoy

Trampantojo

Ecos de Quito, desde Panamá

Jorge Fernández Acosta

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Fui a Quito para tratar de encontrar razones y motivos que me permitieran construir una estructura innovadora de observación y análisis, en torno a los temas de la ciudad y sus múltiples dimensiones y dinámicas relativas a la interacción e integración de los múltiples factores y actores que inciden en su configuración, a efecto de estar en condiciones para dilucidar y entender que, en términos políticos, la ciudad es el escenario privilegiado donde convergen las aspiraciones colectivas que se centran en los conflictos por alcanzar la prosperidad y se concentran en el ejercicio de la libertad, en la búsqueda de la felicidad y todo lo que ella comprende, en aras de la civilización y la urbanidad, que allá hace alarde de la gracia de la imperfección sin complejos.

En tal tesitura, y con base en los preceptos referidos en la pretendida Nueva Agenda Urbana, he de decir que sólo fuimos allá a soñar y a concebir hermosas utopías sólo posibles en el universo imaginario de los agoreros. De ese modo, descubrí que la realidad nos rebasa y en la actualidad nos enfrentamos a fenómenos y procesos que nos conducen a la experiencia caótica sobre lo que ocurre entre los discursos y las realizaciones. En efecto, hay disparidad y desigualdades, hay exclusión y desarraigos, hay juegos de interés y atentados contra la inteligencia social. No hay educación y mucho menos sentido democrático, ni oficio político, ni políticas audaces.

Sí, las palabras son lindas pero resultan ineficaces cuando las confrontamos con los vacíos del poder, ese que no acata cómo hacer para generar recursos productores de riqueza para las personas y las comunidades, tanto como no puede propiciar la necesaria transformación de los paradigmas de la inacabada agenda que no hemos sido capaces de concretar.

Los ecos de Quito nos plantean una provocación: Los gobiernos actuales, de la mano de políticos amigos de la corrupción y la mentira, no son fiables ni verosímiles y, por tanto, hay que erradicarlos. Surge así la inaplazable implementación de una Nueva Agenda Ciudadana Institucional, sustentada en ciudadanos de verdad que se declaren dispuestos a ser los artífices del poder como expresión de la voluntad por ejercer el valor supremo del bien público y los beneficios compartidos, con igualdad, equidad y justicia social.

Es domingo y llueve torrencialmente en Panamá. Son las tres de la tarde, tardee, tardeee...

jfa1965@gmail.com

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