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Lunes , 22.10.2018 / 21:03 Hoy

Amarres

ProudtobeMexican.com

Jorge G. Castañeda

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Después del debate Republicano del 16 de septiembre, se antoja imprudente esperar que la candidatura de Donald Trump se desvanezca gracias al paso del tiempo, de sus propios errores o de los golpes de sus adversarios. Llegó para quedarse. Esto no significa que vaya a ser el candidato de los republicanos, ni mucho menos que se convierta en el próximo presidente de Estados Unidos; solo implica que seguirá con sus diatribas antimexicanas hasta el final de la contienda partidista.

El gobierno de México y la sociedad mexicana no han encontrado la forma de reaccionar ante el incesante ataque de Trump a todos los mexicanos: los que viven allá con papeles o sin ellos, y los que viven en México con o sin la intención de partir a buscar oportunidades del otro lado del rio. Durante el próximo probable viaje del presidente Peña Nieto a la ONU, ustedes tendrán la posibilidad de reunirse con firmas de relaciones públicas y de publicidad que les propondrán ideas para contrarrestar el terrible efecto que ha surtido Trump en la percepción de México, de los mexicanos y de los mexicano-americanos en Estados Unidos. Me permito sugerir una idea adicional, complementaria de las que revisarán en Nueva York.

En ocasiones, gobierno y sociedad de México le responden a Trump, pero dirigiéndose más a la galería nacional, que con eficacia donde importa: en el lugar de los hechos, es decir, en EU. A veces, voceros oficiales ofrecen entrevistas a diarios estadunidenses de segundo o tercer nivel, pero nunca en los medios que cuentan; empresas o empresarios cancelan algunos contratos importantes con Trump, pero se trata de acciones aisladas e individuales. Algunas intervenciones, de funcionarios menores y en México, se limitan a subrayar la contribución de los migrantes mexicanos a la economía de Estados Unidos o la importancia del comercio con México para la misma; otras subrayan la "ignorancia" de Trump, acusación innegable, pero que difícilmente viene al caso.

La inclinación natural de las autoridades ha consistido en no meterse, debido a la tradición de su partido, por miedo a respuestas desagradables, y seguramente por carecer de una idea muy clara de cómo reaccionar ante el fenómeno: una candidatura que ha alcanzado el primer lugar en las encuestas y permanece allí ya durante meses, gracias a su postura virulenta contra los mexicanos allá y, sobre todo, contra los de acá.

El silencio parece ya insostenible y pernicioso para México. Los latinos en Estados Unidos, o personajes como Jorge Ramos, Shakira y otros, han hecho su trabajo, pero no pueden hablar a nombre de los más ofendidos: los mexicanos a quienes describió como violadores, ladrones, asesinos y narcos. Asimismo, ha proferido una acusación grave y a la vez ridícula, pero que ha sido retomada por otros candidatos: es el gobierno de México (mucho más mañoso —cunning— que el estadunidense), el que mandó a esa canalla a su país.

Trump no solo habla por sí mismo; empieza a imponerle sus excesos a sus compañeros. Son pujas al alza constante, cada quien buscando mostrarse como el más estridente, el más concentrado en el tema. Los menos escandalosos, como Bush, igual se corren hacia la derecha por la simple fuerza de la corriente. Lo hacen, entre otras razones, porque incurrir en insultos a mexicanos no entraña costo alguno. Por eso también urge una respuesta.

Entiendo que en el panorama actual lo último que desea el gobierno es abrir un nuevo frente. Por ello, junto con lo que hagan directa y explícitamente ustedes, sugiero que además funjan como facilitadores y, desde luego, como fuentes de financiamiento de una campaña sofisticada, ambiciosa, costosa pero eficaz, de respuesta mexicana a Trump. En los medios estadunidenses —no en el Sol de Aguascalientes— y con un punto de vista claro y firme, sin los eufemismos caros a toda la clase política mexicana y a los funcionarios de segundo nivel que se han manifestado hasta ahora. Trump no es un ignorante, es un desgraciado.

Les propongo una idea, que quizás otros, detalles más detalles menos, ya les hayan sugerido. Huelga decir que si estas propuestas ya las han considerado, les pido una disculpa por hacerles perder su tiempo.

Se trata de lanzar una campaña de spots en la televisión norteamericana, cuyo contenido y sujetos sean los siguientes. Lo formulo en inglés ya que su primera característica es que aparezcan en medios anglosajones, dirigidos a estadunidenses, en su idioma y en su estilo: "This is a message for Donald Trump, whose content I approve. My name is Ernesto Zedillo, and I was President of Mexico from 1994 to 2000. I presided over my country's transition to democracy and I am currently the Director of the Center for Global Studies at Yale University. I am not a 'rapist', I do not have 'lots of problems' and I am not 'bringing them with me to the US'. I do not 'bring drugs or crime' each time I enter the United States, nor do the immense majority of my countrymen, with or without papers; no one 'sends' us north. I, Mr Trump, am just Mexican, and proud of it. But I am not proud of you for insulting my people". ("Este es un mensaje para Donald Trump, y yo apruebo su contenido. Soy Ernesto Zedillo y fui Presidente de México entre 1994 y el año 2000. Conduje la transición de México a la democracia. Dirijo hoy el Centro de Estudios Globales de la Universidad de Yale. No soy un 'violador'; no tengo 'muchos problemas' ni los 'traigo' a EU. Tampoco 'traigo drogas y delitos' a EU cada vez que llego, ni lo hacen la inmensa mayoría de mis compatriotas, con o sin papeles; nadie nos manda a EU. Yo, Señor Trump, solo soy mexicano, y muy orgulloso de serlo. Pero no me siento orgulloso de usted por insultar a mi gente"). Seguiría la pequeña identificación ProudtobeMexican.com, si el dominio está disponible.

Utilicé el nombre de Zedillo porque ilustra el tipo de personajes que deben aparecer en los spots. Antes de la lista de sugerencias, apunto el perfil: mexicanos de renombre en México, y que además viven, trabajan o mantienen algún tipo de conexión con Estados Unidos, y pueden grabar el spot en inglés. No se trata de que sean conocidos en aquel país (muy pocos lo son); más bien se darán a conocer por esta vía. Pero sí deben poseer algún tipo de currículum pertinente para norteamericanos. Los primeros serían, por supuesto, los cuatro ex presidentes en activo: Salinas de Gortari, Zedillo, Fox y Calderón: la notita biográfica se escribe sola. Después, mexicanos de éxito en otros ámbitos: Slim, José Ángel Gurría (director de la OCDE), Mario Molina (premio Nobel de Química), Emilio Azcárraga (principal accionista de Univision), Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu, Salma Hayek, Gael García Bernal, Diego Luna, Demián Bichir, Alondra de la Parra, Gabriel Orozco (único mexicano en vida con retrospectiva en el MoMA), Jorge Bustamante (profesor en la Universidad de Notre Dame), Julio Frenk (presidente de la Universidad de Miami y antes de la Escuela de Salud Pública de Harvard), Fher (de Maná), Enrique Olvera (el chef mexicano más renombrado en Estados Unidos); escritores mexicanos con varios libros publicados y vendidos en Estados Unidos, como Laura Esquivel y Ángeles Mastretta; arquitectos mexicanos con obra construida en Estados Unidos, como Enrique Norten y Teodoro González de León; médicos mexicanos radicados en los mejores hospitales de Estados Unidos, como mi sobrina Tamara Rozental; Fernando Valenzuela (recién naturalizado) y Javier Hernández (Chicharito), entre otros.

Puede incluir este proyecto una segunda tanda de figurantes en spots: destacados estadunidenses vinculados a México, desde Mel Gibson hasta el CEO de Ford, pasando por Bill Clinton y George W. Bush, de Steven Spielberg y Michael Keaton hasta Norman Borlaug, Robert Rubin, Larry Summers o John Womack. Es un texto distinto, con adversidades diferentes, pero con la misma lógica.

¿Quien organizaría esto y quién puede financiar un proyecto de este alcance, por definición oneroso? Dando por sentado que nadie cobraría y que incluso la producción puede ser pro bono, de todas maneras la compra de tiempo-aire para una gran cantidad de spots en una gran cantidad de mercados de medios encierra un costo elevado. Aun limitándose a los programas con audiencia pensante —los noticieros de la mañana y la noche, las tres cadenas de 24 horas de noticias, los programas políticos del domingo— un spot de 30 segundos en veinte mercados cuesta una pequeña fortuna. Y aunque Univision transmitiera de modo gratuito una versión en castellano de cada spot, con la misma regularidad que en inglés, el precio total no sería despreciable. Al mismo tiempo, subir los videos a YouTube es indispensable, pero no sustituye a los medios masivos. Ya que sería absurdo adentrarse en esta aventura únicamente por un breve plazo, el costo de la continuidad también representaría un reto significativo.

Solo el gobierno puede llevar a cabo este proyecto, pero no puede asegurar la totalidad del financiamiento. De hacerlo, volveríamos al punto de partida: las autoridades mexicanas inmiscuyéndose en un pleito de lavadero estadunidense. Quizá la solución estribe en crear un asociación público-privada en Estados Unidos, que reciba fondos de empresas mexicanas con intereses en Estados Unidos, norteamericanas con intereses en México, y dependencias del gobierno vinculadas de una manera u otra a ese país: Pemex, CFE, CPTM, ProMéxico, Conaculta y algunas más. La APP recibiría fondos de estas fuentes, sería sin fines de lucro, obtendría la deducibilidad fiscal en Estados Unidos y en México, y con toda transparencia sufragaría los gastos de la campaña. Al ser público-privada y solo con la participación de instancias estatales no estrictamente gubernamentales, y con claros intereses en EU, se cubriría parte del flanco de ataque de la derecha: el gobierno de México viene aquí a sermonearnos.

¿Con esto vamos a convencer a Donald Trump que se desista de sus patanerías y ofensas? Obviamente no. ¿Vamos a obligar a sus colegas republicanos a deslindarse de manera sustantiva y contundente del empresario desbocado? Tampoco. Pero vamos a educar a un público estadunidense ignorante —ese sí— hasta la desfachatez, no de la importancia de México para su comercio, su turismo o sus jardines, restoranes y hortalizas, sino de la existencia de mexicanos (no mexicano-norteamericanos) exitosos en Estados Unidos, orgullosos de ser mexicanos y dispuestos a responderle duro y a la cabeza a Trump y Cía. Vamos a dejar sentado un precedente: no somos agachados, ni calladitos nos vemos más bonitos. Cuando nos pegan, reviramos.

¿Valen la pena el riesgo, el costo y el esfuerzo? Creo que sí, y espero que esta carta les resulte útil para la toma de sus decisiones.

gaceta@jorgecastaneda.org

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