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Domingo , 22.07.2018 / 00:00 Hoy

Todoterreno

Un partido es de quien lo trabaja

Jorge Alonso Guerra

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Mucha gente critica a los líderes o caciques de algún partido. No importa el color, puede ser azul panista, amarillo, perredista o tricolor priista. En fin, colores y nombres de “franquicias electorales” hay para escoger, y Coahuila es el líder a nivel nacional.

Para lograr ser el mandamás de algún partido político, no solo se logra con carisma o neurona de la persona, ni siquiera por recomendación de algún padrino. El camino a la cima política es largo, sinuoso y solitario algunas veces, pues un líder no solo disfruta de la miel sobre hojuelas, en política como en todo, algunas veces se gana y otras se pierde.

Cuando un partido gana una elección, normalmente va de la mano de un gran líder, que lo dirigió hacia la victoria política. Pero atrás del triunfo existe un arduo trabajo diurno y nocturno, tanto de campo como de escritorio y estrategia, de ubicar a sus mejores hombres y mujeres conforme al perfil de cada uno, para que desarrollen sus fortalezas, en el campo electoral. Un auténtico ajedrez político.

Pero ganar, es uno de los muchos retos a que se enfrenta el líder, pues después viene la repartición de los puestos públicos de primer, segundo y tercer nivel, y obviamente es cuando el líder ganador se encuentra con una verdadera multitud que reclama ser incluido en el gabinete, aunque no haya participado en la campaña, o pre-campaña, solo haber saludado al candidato en algún semáforo o evento electoral.

Algunos nunca hayan participado, ni siquiera son activos o simpatizantes del partido, pero los avala un padrino donde el ganador de la contienda entra en un dilema de rechazarlo y enemistarse con el “padrino” o solo incluir gente que lo ayudó a ganar, aquellos que siempre estuvieron con él, en las buenas y en las malas, al final su gabinete lo integra, con una mezcla de fieles seguidores (aunque no todos, con la debida preparación) y de gente apadrinada, que se jacta de haber sido “invitada por su gran capacidad” y por obvias razones provoca el encono de muchos excluidos.

Otro de las grandes contrariedades que afronta un líder político, es la derrota, cuando se hace oficial su fracaso político, desde ese momento se convierte en el hombre invisible, sus incondicionales advenedizos lo abandonan, inclusive muchos coquetean con el ganador descaradamente.

En la soledad del fracaso electoral, su compañía es la bancarrota, pues durante la contienda su pasivo aumentó enormemente y su activo no garantiza las deudas contraídas. Pero el verdadero líder, surge como el Ave Fénix, en las próximas elecciones aprendiendo de sus errores y como tal, reclama los mejores puestos para él, y sus más fieles seguidores, y se los merecen, pues son políticos de tiempo completo, aquellos que desayunan, comen , cenan y defecan política.


jorge.alonsoguerram@gmail.com

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