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Martes , 19.06.2018 / 05:07 Hoy

Optimus

Honradez y honestidad

Jorge Alberto Pérez González

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El tiempo pasa inexorablemente y la desesperación cunde, los golpes mediáticos proliferan y la honra de muchos se destruye poco a poco, la credibilidad se pierde ante el cúmulo de información y el votante huye despavorido, pues de uno y otro lado salta estiércol y no se quieren manchar.

El descrédito de la política alcanza niveles elevados, los bandidos se sienten protegidos pues sus fechorías quedan minimizadas ante el monto adquirido ilegalmente por quienes deben de vigilar su correcta aplicación.

Persiste la acepción diferente para dos palabras similares; honestidad y honradez. Hace años alguien explicó que lo honrado se aplica de la cintura para arriba y lo honesto, de la cintura para abajo. Aunque simple la definición, aplica perfectamente para el uso de nuestra lengua.

Tal vez la palabra inglesa “Honesty” sea la culpable de la confusión, pues los anglos la aplican indistintamente, pero en la lengua española su uso requiere, para cada una de ellas diferente fin.

Honesto es un hombre decente, recatado y decoroso. Honrado es el que procede con honradez, que obra siempre con integridad y justicia.

Existen pues dos definiciones que no significan lo mismo y que por lo tanto, al confundirse se aplican mal, por lo general se dice de un político que es honesto, cuando en realidad se le debe de calificar de honrado. (Si es que lo merece.)

Si el electo cumple sus promesas, busca el bienestar de sus gobernados y no aspira a enriquecerse con el puesto, se le puede considerar honrado.

Sin embargo, ese mismo individuo puede ser deshonesto, pues si es casado y mantiene relaciones personales fuera del matrimonio, estas acciones lo convierten en deshonesto.

Para efectos prácticos, a la hora de votar, nos debe de preocupar solo el término honradez, pues tiene que ver con todos nosotros su actuar público, mientras que la honestidad es un tema personal que deberá en su momento enfrentar en familia.

Así que no son sinónimos, aunque la Real Academia de la Lengua lo consigne, no pretendemos colocarnos por encima de la institución, pero con la proliferación de los juicios mediáticos vía las redes sociales y ante la andanada que se sufre hoy, es bueno diferenciar uno de otro.

El Facebook hoy se convierte en el lavadero de nuestras madres y en las piedras del rio de nuestras abuelas, ahí se discute todo y se ventilan excesos, se lavan afrentas y se acota el futuro de muchos, la popularidad se adquiere de una u otra forma, pues para lograrla no se requiere de que la información sea buena o mala, con que se suba a la red es suficiente, pues negativa o positiva es popularidad al fin.

Nuestros antepasados definían mejor las cosas: Honradez, “Aquel género de pundonor que obliga al hombre de bien aobrarsiempre conforme a sus obligaciones y cumplir la palabra en todo”. Honestidad, “Moderación y pureza contraria al pecado de la lujuria”.

De poco sirve la exposición en redes sociales de la vida privada y particular de cada aspirante, suspirante o soñador, si a fin de cuentas el proceso de definición del voto o apoyo, depende de un razonamiento natural que excluye lo tendencioso.

Si de algo sirve el análisis de las palabras, aquí queda la diferencia entre HONRADEZ Y HONESTIDAD...

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