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Martes , 14.08.2018 / 13:42 Hoy

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Emigdio, Estrellita y Toño

Jorge Alberto Pérez González

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A veces es necesario recurrir a la hemeroteca, recordar que en febrero del 2010 hacia mucho frio en Tamaulipas y retomar las palabras escritas para tratar de entender porque hace frio en canícula.

“Las voces se escuchan por doquier, el reclamo no es mudo, aunque en la mayoría de los casos las actitudes son las que hay que interpretar, porque las palabras…, las palabras se las lleva el viento.

Hace un año, exactamente un año, muchos se sumaron a un sueño, un sueño alcanzable, factible, que debía ser redituable, pues cuando desinteresadamente se anotaban pensaban eso sí, en el futuro mediato.

Los esfuerzos fueron muchos, desde cualquier rincón. La inversión, amén del trabajo fecundo y creador se convirtió rápidamente en una bola de nieve que logró conjuntar poco a poco a todos y cada uno de los actores políticos.

Y como los partos, el triunfo fue doloroso, meses después la victoria se alcanzó. Se perdió mucho, pero se ganó en las urnas.

La buena ventura de Julio no tapó en lo más mínimo la desventura de Junio, pero si cambió los ciclos, si modificó las actitudes y si mudó para siempre la perspectiva.

A partir de entonces se comenzó a pelar la mandarina, dejando trozos de cáscaras regados por todos los rincones, para después desgajarla una a una, y regar con sus jugos los arroyos confundidos con lágrimas sinceras.

El abandono se siente cuando ya no hay a quien recurrir, cuando no hay respuesta a los llamados y también cuando la mirada no dice nada.

Muchos afanes tirados al cesto, muchas acciones valientes olvidadas, muchos recursos dilapidados que después harán falta, porque la mayor inversión son los hombres y mujeres que hoy están purgando un delito que no cometieron.

Para que las cuerdas de la guitarra suenen bien, hay que mantenerlas tensas y afinadas.

La vida da muchas vueltas, los muertos nunca se olvidan cuando fueron apreciados. Los vivos, los muy vivos, a veces se quedan solos cuando no tienen memoria, cuando la soberbia los invade o cuando se miran al espejo.

La tristeza que invade a muchos desde que la muerte se presentó, no se puede borrar con nada, pero el desánimo causado por el olvido, traerá consecuencias a mediano plazo, que con el paso del tiempo será difícil enmendar.

Salvo que la instrucción sea esa, la entrega absoluta de los ideales, el olvido definitivo de los principios y el abandono total de las banderas o peor aún, la quema de las carabelas, para que no haya nadie que piense en el regreso.

Pero dejemos a un lado las cavilaciones de muchos, es un hecho que el mundo está cambiando, y tal vez solo somos testigos presenciales y no actores consumados.

El clima favorable para algunos no siempre es el más apropiado para la mayoría, porque la verdad, ¡Que frio se siente Tamaulipas!”

Pero volvamos al presente, esta semana fui testigo de un encuentro de amigos que tenían más de 60 años de no verse. En efecto, Don Emigdio Manuel García, Doña Estrella González y Don Antonio Sánchez se reencontraron y fue una delicia escuchar sus recuerdos del Matamoros antiguo.

Perpetuar los nombres de los amigos comunes, los sitios de concurrencia y los espectáculos de entonces fue una delicia compartir, además del gusto del reencuentro aderezado con sonoras carcajadas que llenaron el restaurante.

No puedo dar más que las gracias por permitirme estar ahí, siendo testigo del reencuentro y de la prodigiosa memoria de los tres, me hubiera gustado vivir esa época de oro del algodón, de los ríos humanos de gringos recorriendo el Mercado Juárez, de las noches de música en el “Drive Inn”, de la presentación en matamoros de las “Dolly Sisters” y desde luego de los recorridos domingueros por la Plaza Principal,con los caballeros en un sentido y las damitas en edad de merecer en sentido contrario.

Fue genial estar ahí y escuchar con atención, a EMIGDIO, ESTRELLITA Y TOÑO.

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