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El poder no se comparte

Jorge Alberto Pérez González

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Recordar es volver a vivir, hoy que ya no queda nada de ánimo participativo en la política, pues unos se creen los dueños de todo, es bueno rememorar como eran las cosas en el centro hace apenas una década.

La tarde de un viernes hizo recordar la jornada electoral del 11 de noviembre del 2007, desde el arribo al salón donde se reuniría toda la clase política de Tamaulipas, se sentía el calor humano, ese que se trasmite con la mirada fija y la sonrisa permanente.

Desde una hora y media antes del inicio, el local estaba abarrotado, conseguir silla resultaba infructuoso, hasta que alguna alma acomedida se deshacía de los derechos de apartado para convidar la compañía.

Ricardo Gamundi y Lupita Flores, presidente y secretaria general del PRI de entonces, demostraron una vez más la capacidad de organización y la distribución de los espacios disponibles por municipio, hizo que de todos los rincones surgieran gritos de aprobación por el carro completo, ese que en el 2006 parecía imposible de alcanzar, pero que 365 días después dejó sin aliento a muchos semovientes.

Se especuló mucho sobre el contenido del mensaje político, y Eugenio Hernández Flores, primer priista de Tamaulipas, no dejó dudas sobre el verdadero origen del mismo, en la unidad se basó el mensaje pues en la unidad estuvo sostenido el triunfo.

El extraordinario video de la victoria que se presentó concentró las imágenes necesarias para que sin retórica se recordara todo desde su concepción.

Los grandes éxitos no son producto de la improvisación, el PRI demostró en el 2007 que tenía la fuerza y la contundencia necesaria para conservar el poder político en Tamaulipas, pues el compromiso con los sectores vulnerables era real.

De lo más relevante de la jornada fue la presencia de los exgobernadores de Tamaulipas quienes refrendaron con su presencia el liderazgo del entonces gobernador Eugenio Hernández Flores.

La ovación más estruendosa fue para Manuel Cavazos Lerma.

La reunión de ese viernes confirmó que la fiesta de la victoria seguía, pero que ya se estaban sentando las bases para la elección del 2009, así que a los acelerados no les quedó de otra que dejar a un lado sus tempraneras aspiraciones para demostrar con hechos que la unidad era real y que solo así se podrá aspirar a más.

Ahí en el recinto no faltó nadie, el mensaje de concordia del gobernador hizo abrigar esperanzas de que los compromisos contraídos durante la campaña se habrían de cumplir y que la sociedad quedaría satisfecha con la actuación de sus nuevos gobernantes.

Beatriz Paredes, líder nacional del PRI en ese entonces, contra su costumbre de utilizar la tribuna para enviar “kilométricos mensajes”, habló solo 11 minutos, pero fueron suficientemente contundentes como para que no quede la menor duda del liderazgo en el estado.

Toda la clase política de Tamaulipas aplaudió, cuando sentenció que EL PODER NO SE COMPARTE.

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