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Miércoles , 17.10.2018 / 20:18 Hoy

Optimus

2017-09-10

Jorge Alberto Pérez González

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Regularmente se habla de la pelea del siglo, o el match del milenio, pero en este caso, tenemos que referirnos a ese encuentro donde la danza de los millones se antoja verdaderamente interesante, pues en Las Vegas donde todo es espectáculo, nada tiene que hacer ante la exhibición fantástica de dos rudos boxeadores que lo que les gusta es el dinero.

Por lo general los temas deportivos no tienen lugar en este espacio, sin embargo es menester aclarar que nadie se puede mantener al margen cuando los golpes bajos afloran y se llevan entre los guantes cualquier proyecto futurista.

Los pleitos callejeros a veces son más entretenidos que las peleas televisadas, pues los golpes bajos abundan y siempre hay en los espectadores la duda de que fue lo que originó el conflicto.

Este match desde que se anunció generó expectativa, pues el enfrentamiento de dos gladiadores de diferente especialidad concibió mucho morbo.

Resultaba apetecible saber si la esgrima y los buenos modales del pugilismo vencerían a la rudeza de las artes marciales mixtas.

La pelea fue anunciada como “El Combate del Dinero”, título muy apropiado para ambos contendientes, pues con sus antecedentes se podía vislumbrar que uno y otro desde sus inicios se dejaron deslumbrar por aquello que echa a perder a los hombres, la avaricia.

Fue así como un destacado empresario de los encordados, decidió montar el espectáculo llevando al mejor boxeador del mundo libra por libra contra el antiguo rey de la UFC, la liga que agrupa a quienes acostumbran el piquete de ojos y las patadas en las espinillas.

La fecha tan esperada llegó 10 meses después de pactada, aunque antes, se estuvieron “cocoreando” en algunas reuniones previas, tal vez pensando en intimidar al contrario.

En el ring y bajo las reglas del boxeo aparecieron ambos, en la esquina derecha el muchas veces campeón y además invicto, Fello “La Foca” Mayweather, contra el sucio de World “El Mundo” McGregor.

El color de tez serio de Fello no impresionó nada a Mr. World, quien en el primer round de tanteo, trató varias veces de utilizar sus pies, pero recordando las reglas pactadas de antemano solo se limitó a amagar.

“La Foca” a pesar de tener menos alcance, o tal vez por precaución, se dedicó a darle vueltas y vueltas pensando que mareándolo lo podría derribar.

Fueron 6 rounds de terrible aburrimiento, pero a pesar de los protectores bucales, se dedicaron a ofenderse con palabras difíciles de entender pues lamentablemente todavía no se aprueban los micrófonos en los peladores.

Sin embargo, en las esquinas sus “managers” al dar las instrucciones dejaban grabado para la posteridad cada instrucción, pues en el boxeo si está permitido tener micrófonos en cada esquina del cuadrilátero,o cuando menos chismosos que filtran a la prensa.

Doris Mount el manager de Mr. World lo reprendía por no haberse puesto a dieta, pues lucia cansado y bofo, pero el pelador de artes marciales le contestaba yo solo vengo por el “Money Belt” cinturón en juego inventado por la CMBV, (Comisión Mundial de la Bolsa de Valores).

En la otra esquina, Marci Hill le recomendaba a Fello, que le pegara donde más le dolía, y el pugilista le retobaba, -las reglas no permiten pegar en los testículos-, a lo que su “manager” le aclaraba, -me refiero en las facturas-.

El séptimo, octavo y noveno round se vio a un moreno más entrón, mientras el güero de Irlanda por su falta de condición física fue poco a poco disminuyendo su calidad boxística.

El décimo round fue demoledor para Mr. World, le descubrieron dos o tres artefactos prohibidos bajo el calzón y los guantes, lo cual aprovechó “La Foca” para tupirle duro y macizo, hasta que con un “UpperCut” le pegó, por su baja estatura directamente en las facturas, provocándole estruendosa caída que por poco derriba el ring.

Al final dicen, a mí no me consta, se fueron juntos ambos “managers”.Sí, en efecto, Marci Hill el de Fello, tomó de la mano a Doris Mount el de Mr. World y se lo llevó atrás de los vestidores sin despedirse de los pugilistas.

Los boxeadores al igual que los políticos no tienen palabra y solo les gusta el dinero, todo un fraude resultó, LA PELEA DEL AÑO.

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