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Lunes , 22.10.2018 / 07:57 Hoy

Melancolía de la Resistencia

De máscaras y camaleones

Jordi Soler

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"Cualquier cosa que diga la gente que soy, es lo que no soy". Este es el título del primer álbum de los Arctic Monkeys, que en inglés tiene un sonido más contundente y un diseño verbal sumamente aerodinámico: Whatever People Say I am, That's What I'm Not.

Además de sus elementos estéticos, el título tiene una pátina byroniana, del poeta Byron, que era también inglés, como ellos. ¿Es una exageración, o incluso una majadería, asociar al poeta lord Byron con los Arctic Monkeys? Probablemente sí, pero también es una asociación que nos da pie para reflexionar sobre esta pregunta fundamental que requiere, si no una respuesta, un esbozo que se aproxime a la realidad: ¿quién soy yo?

Lo que los Arctic Monkeys vienen a proponer con ese título es que uno se pasa la vida interpretando personajes, máscaras para ocultar al verdadero yo, una idea que coincide con esta pregunta que se hacía lord Byron: ¿con cuál yo voy a vivir este día? Y esta pregunta, a todas luces pertinente, le servía para lanzar sentencias de este calibre: "No siempre coincido con mis opiniones". ¿Cómo va
a coincidir si nunca es el mismo? Desde el punto de vista de Byron la opinión dicha por mi ayer, hoy ya es la opinión de otro.

El día que Byron nació su madre le vio en el pie la marca del demonio. Dudo que los Arctic Monkeys cuenten con un dato de ese calibre en su pedigrí.

Oscar Wilde abunda sobre esa multiplicidad de personajes que somos: "La vida real de uno es, con mucha frecuencia, la vida que no controlamos", y el filósofo Bergson, de quien hable hace una semana en este mismo espacio, decía que la vida social, esta vida que azuza a nuestra multitud de personajes, es "la admiración que sentimos por nosotros mismos basados en la admiración que creemos que inspiramos en los otros".

Byron, en su famoso Don Juan, propone que debajo de la piel llevamos otras dos o tres pieles distintas.

"¿Qué clase de artista es usted? No estoy seguro; byronesque, puede ser", respondía el poeta. Quizá deberíamos llamar byronesca a esa capacidad camaleónica que nos distingue del resto de los animales (con la excepción del camaleón) y que nos lleva a ser uno frente a nuestra madre, y otro con los amigos del barrio y otro más con los colegas de la oficina, y otro distinto con la novia. Y cuando estoy solo, ¿disfruto, o padezco, mi auténtico yo? Byron tiene una propuesta para lidiar con esa condición byronesca de la que nadie escapa, ni siquiera esas personas que van por ahí promocionando que son de "una sola pieza". Es curioso que el ser de una sola pieza parezca una virtud, que tener siempre la misma opinión, la misma conducta, la misma rutina, la misma orientación vital, se considere como un valor. ¿No hay algo siniestro en esas vidas sin variación y sin matiz? La próxima vez que se sienta usted animado a decir "soy una persona de una sola pieza", deténgase, reflexione, y verá que no es verdad.

Antes de llegar a la solución de Byron voy a espesar la página con unas ideas muy lúcidas sobre esas máscaras que usamos cada día, que escribió Julio Ramón Ribeyro en su sabio libro Prosas apátridas. A esa multitud de yoes que nos habitan Ribeyro suma este curioso palimpsesto: "Nuestro rostro es la superposición de los rostros de nuestros antepasados". En la cara de las personas "aparecerán los rasgos de sus ancestros, luego de haber sobrellevado la máscara de la especie", nos dice Ribeyro, y más adelante remata: "De pronto ya somos otro: una de nuestras cien personalidades muertas o rechazadas nos ocupa".

En este continuo ir y venir de rostros que es nuestro rostro, más la multitud de personajes que representamos a lo largo del día, ¿en dónde queda el verdadero yo? ¿Quién soy?, ¿qué soy?, y dentro de ese tumulto que constituye mi persona, ¿soy?

Byron propone que a partir de nuestras diversas personalidades, de nuestras máscaras, de nuestro inevitable byronismo, "debemos abrazar el desconocimiento de quién somos, para poder descubrir nuevas maneras de divertirnos y de disfrutar a los demás". No queda más remedio que asumir esa persona múltiple que somos y darle la razón a los Arctic Monkeys: "Cualquier cosa que diga la gente que soy, es lo que no soy", siempre y cuando se añada que tampoco soy eso que digo que soy. Quizá tendríamos que mirarnos, como apunta Byron a lo largo de su obra, desde una perspectiva general; somos todo eso: lo que ve la gente en nosotros, lo que creemos que somos, la suma de todas nuestras máscaras. No hay más remedio que ser un poco extraños para nosotros mismos, y una vez digerida esta realidad, deberíamos preguntarnos, como hacía el poeta: ¿con cuál yo voy a vivir este día?

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