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Empatía Popular

Un milagro para el hospital de Madero

Joaquín López

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Aunque las autoridades de Salud estatal quieran hacer ver que el incidente en el Hospital Civil de Ciudad Madero fue una situación provocada por “las lluvias”, el mal estado del edificio y por el descuido de las administraciones pasadas, el hecho va más allá, porque esto fue una omisión compartida.

Los encargados de procurar la salud de los ciudadanos no pueden descuidar los recintos donde son atendidos niños, adultos y ancianos, por miles diariamente; aunque se esté construyendo uno nuevo, el que está en uso aún necesita “inyecciones” pero de recursos.

La salud es un rubro que cualquier inversión será bien aprovechada, no tiene desperdicio, no se debe escatimar en brindar atención médica digna y de calidad; no hay pretextos.

El cortocircuito en el Hospital Civil de Madero pudo convertirse en algo de mayor magnitud, con consecuencias que no quisiera ni imaginarme.

Es un sitio al que no le sirve el aire acondicionado. Los pacientes, en la evacuación del miércoles, salían casi todos con ventiladores en mano por el infierno que se siente ahí adentro.

Los empleados, médicos y cuerpo de enfermería han tenido que organizar cooperaciones entre ellos para comprar aires acondicionados para sus áreas.

El riesgo en el edificio es tal que, algunos sin saberlo, no ubican que debajo del área de Urgencias (de forma subterránea) existe un depósito de almacenamiento de diésel, mientras que en el techo se encuentra el contenedor de gas que alimenta la cocina, y junto a él está un transformador de electricidad. Toda una bomba de tiempo.

Por más que quieran tapar el sol con un dedo, decir que ya no se va a meter mano al edificio porque tiene 85 años de edad, porque solamente le quedan tres meses de vida (pues se supone que ya se hará la mudanza al nuevo), es casi comparado con un diagnóstico médico, desesperanzador, lleno de omisiones y sin pedir una segunda opinión.

En esos tres meses que le quedan a este hospital seguirán llegando personas para atenderse, seguirán naciendo bebés en quirófanos llenos de humedad, esperarán pacientes en salas hacinadas padeciendo calores que van a empeorar con la próxima canícula.

Pero eso sí, el letrero con el logotipo gubernamental en la fachada, eso sí, bien pintado, sin dejar rastros o vestigios de otros gobiernos y colores.

Hay que tener tantita humanidad.

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