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Sábado , 26.05.2018 / 09:14 Hoy

Empatía Popular

Un chapuzón en el centro de Tampico

Joaquín López

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La lluvia de la madrugada del jueves advierte una cosa: así va a estar durante el resto del día. Y el pronóstico del tiempo no lo negó, llovió y fuerte este jueves aunque nada más en el centro de Tampico.

Una hora de lluvia bastó para enloquecer a la gente. Era medio día y muchos salieron a su hora de comida, de la escuela, turnos laborales, todo un caos.

El andar de las personas se detuvo donde pudieran refugiarse del agua. A mí me tocó resguardarme en un local de aguas frescas, en la esquina de las calles Colón y Obregón.

Junto a mí estaban un joven empapado porque el agua lo tomó por sorpresa y una persona de la tercera edad, quien sí la libró y no se mojó.

Estaban muy preocupados porque justo a media calle sobre la Obregón, la fuerza del agua del drenaje levantó una pesada tapa de la alcantarilla, dejando descubierto el agujero donde varias llantas de autos pegaron.

No se veía el peligro porque el agua brotaba muy fuerte desde la calle.

Ahí va uno, dos, tres, cuatro, cinco automóviles seguidos que se sacudieron por caer en la alcantarilla abierta debido a la velocidad a la que iban; aún con la lluvia, el semáforo en amarillo para ellos era el indicativo que tenían que meterle todo el acelerador. Un auto de plano se atoró pero sí logró salir.

Ya son las 12:40 de la tarde y los jóvenes de las escuelas cercanas rondan el lugar, salen de clases y buscan irse, en parejas de amigos o novios, son ellos quienes entonaron las mentadas de madre a los automovilistas que iban como bólidos y salpicaban a todos en la banqueta.

“Chingas a tu madre pendejo, tú también cabrón, mira ya me mojó todo este imbécil”, eran algunos de los gritos que lanzaban los que les tocó la mala suerte de irse a sus casas empapados, mientras los amigos, los que la libraron, se burlaban en sus caras.

La resignación también llegó a otras personas que, mojadas de pies a cabeza, caminaban sin prisa por las banquetas, total ya no hay otra parte de su cuerpo que no pueda mojarse más.

Por su bien deseo que no le agarre un aguacero en el centro de Tampico, porque no hay escapatoria. Entre el drenaje saturado, los ríos en las calles, los choferes imprudentes que salpican, las marquesinas con goteras y las cascadas por los escapes de PVC, de un buen chapuzón no se salva.

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