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Jueves , 20.09.2018 / 17:59 Hoy

Empatía Popular

Tampico, Madero y Altamira contra la lluvia ¿Quién gana?

Joaquín López

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Las recientes lluvias en la zona sur y la repentina alerta de tormenta a solo 190 kilómetros frente a Tampico en el Golfo de México, vuelven a despertarme la pregunta: ¿Estamos preparados para un fenómeno natural de grandes dimensiones?

Los que habitamos en este lado del mapa hemos tenido mucha suerte de librar varios eventos climáticos potentes, y no solo gracias a los famosos “marcianos”, ha sido suerte o si lo prefiere alguna obra divina que, de alguna manera, ha desviado las trayectorias de huracanes o ciclones.

Pero por como se ha movido el cambio climático, creo que esa suerte va a terminar en cualquier momento, tan sorpresivo como el terremoto en Chile y el posterior tsunami.

Y ante eso ¿Qué podemos hacer? Prácticamente nada.

Una lluvia de 15 a 20 minutos en Tampico, Madero, Altamira, Ciudad Victoria, Reynosa, Matamoros, casi en cualquier ciudad de Tamaulipas, han generado estragos mayores inundando avenidas principales, colonias populares, escuelas, desbordan ríos, caos total.

Los gobiernos trabajan casi a marchas forzadas tratando de minimizar los problemas de inundación con obras como el hidrotúnel en Tampico, el de Ejército y la Martock, aunque a veces parezca que las aguas superan la capacidad de las estructuras, se nota una diferencia.

Pero un huracán, un fenómeno como el que ha causado daños mortales a otras partes del país como lo ocurrido hace unos años en Guerrero o en Baja California, ¿el sur de Tamaulipas está listo para aguantar algo así? ¿Otro Hilda pero más potente?

El precedente ahí está, quienes vivieron en carne propia el ciclón Hilda lo pueden advertir, la historia no miente.

En el marco de un aniversario más de la creación de los cuerpos de Protección Civil a raíz del terremoto de 1985, los ciudadanos debemos ser más conscientes de que estamos “en el ojo del huracán”.

Se nos ha dicho hasta el cansancio, “no tiren basura en las calles porque eso provoca que los drenajes se tapen y el agua no pueda correr rápido”.

Por eso una precipitación cualquiera inunda casi toda la avenida Hidalgo, las calles del centro de Tampico se vuelven imposibles de transitar, las colonias y escuelas en Ciudad Madero se llenan de aguas negras, las familias cerca de ríos y lagunas en Altamira salen de sus hogares mientras el caudal entra. No quiero imaginar qué haría una tormenta mayor con este sistema de desfogue tan débil.

La temporada de huracanes aún sigue y faltan varios fenómenos por formarse en aguas del Atlántico y Caribe, es un reloj que camina hacia atrás, impredecible.

¿Se agota el tiempo? Como lo escribí hace dos columnas, la naturaleza tarde o temprano va a cobrarnos la factura, y muy caro.

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