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El PAN: historia de un arreglo, otro

Joaquín López-Dóriga

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 Los objetos no decepcionan, la gente sí.
Florestán

Marko Cortés siempre fue uno de los más cercanos a Ricardo Anaya, al igual que Damián Zepeda. Tanto, que al primero lo hizo su coordinador en la Cámara de Diputados y al segundo, que lo elevó a presidente del PAN, y en una maniobra, su pastor parlamentario en el Senado.

Tras la derrota electoral del 1 de julio y luego de permanecer semanas sin saberse de él, Anaya regresó para hacer de Cortés el próximo presidente del PAN, a lo que se opusieron Rafael Moreno Valle y nueve gobernadores, que propusieron una planilla con Héctor Larios para esa dirigencia nacional y el poblano como secretario general. También se apuntaron Manuel Gómez Morín, nieto del fundador del partido, al que apoya Gustavo Madero que ahora se dice traicionado por Anaya, y Ernesto Ruffo, que fue quien le hizo el nuevo padrón de militantes.

Este era, es, el escenario de división, desgaste y continuidad que vivía el PAN hasta que Moreno Valle y Anaya hicieron una larga negociación de la que salió como candidato a la presidencia, el mismo Cortés, para la secretaría general, Larios y el ex gobernador de Puebla a la coordinación en el Senado, a cambio de Zepeda.

Es decir, Anaya, no obstante haber perdido las elecciones, volvió a ganar el partido, que tras la derrota del 1 de julio, era su prioridad, aunque para ello hubiera cedido la secretaría general y la coordinación parlamentaria en el Senado y que Moreno Valle fuera, como será, el hombre fuerte del partido desde el Senado y con Larios, en la secretaría general.

Las elecciones internas son el 11 de noviembre, cuando hoy ratifican que la militancia en los partidos, en este caso del PAN, solo les sirve para estar en el padrón, y eso algunos, no todos.

Las decisiones siguen siendo en las cúpulas, que no acaban de entender que el viejo sistema de partidos en México ha muerto, aunque le quieran aplicar respiración artificial.

RETALES

1. CUIDADO. Hoy se cumplen 50 años de la marcha del silencio que el 13 de septiembre de 1968 encabezó el rector Javier Barros Sierra, la mayor manifestación estudiantil de que haya registro. Hoy, medio siglo después, habrá otra, dicen que para recordarla y, cuidado, puede ser el fuelle que necesita el actual conflicto con la gran diferencia de que aquella fue 100 por ciento estudiantil y en la de hoy se sumarán diferentes causas, movimientos, grupos e intereses;

2. ASAMBLEA. El rector Enrique Graue acudió a una asamblea en el CCH Azcapotzalco, donde se originó el actual conflicto y al salir unos sujetos embozados le gritaron que se fuera y lanzaron piedras. Por la tarde, en la Rectoría, Graue firmó el pliego petitorio estudiantil de ese CCH; y

3. IGNORANCIA. En el Congreso, los puntos de acuerdo y los exhortos al Ejecutivo son como llamadas a misa. Por eso la SEP bateó el que le pedía cancelar de inmediato las evaluaciones, obligatorias por mandato constitucional. En Twitter, el maestro oaxaqueño y diputado
de Morena, Azael Santiago Chepi, celebró su aproVación. Por eso no quieren la evaluación.

Nos vemos mañana, pero en privado

lopezdoriga@milenio.com
Twitter: @lopezdoriga
Web: lopezdoriga.com

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