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Lunes , 10.12.2018 / 08:11 Hoy

El cuaderno de Jimena

"Spasibo Rossiya!"

Jimena Rodríguez

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Después de 169 goles, 64 partidos, 219 tarjetas amarillas, 4 rojas, 49,651 pases completados, 29 penales (16 más que en Brasil), en que el VAR ayudó a dar por correctamente castigadas 17 de 20 jugadas que revisaron, de romperse 15 récords, incluidas las 45 dianas de la primera ronda y por supuesto, ver a Francia levantar su segundo título, llega el momento de la nostalgia, del adiós, de la cruda post mundialista en la que ya se extraña al balón rodar al ritmo de los mejores. Son, cada cuatro años, innumerables las historias que se escriben alrededor de un Mundial, pero no se equivoquen, justamente esta Copa es tan francesa como rusa. El país anfitrión fue el gran protagonista de esta experiencia. Más allá de cumplir en temas de organización y seguridad, se demostró que una justa de tal magnitud puede servir de parámetro para ver a la vez como una nación vibra a sí misma. No puede ser considerada una locura decir que un Mundial puede ser un punto de inflexión en la historia y psique de un país. Los locales lo sabían. No eran ajenos a la imagen que saben se ha creado sobre ellos en otras latitudes. Si bien no podemos juzgar a una sociedad por su líder político, la realidad es que la mayoría de los rusos aman a Vladimir Putin. Nos trasladamos a la final. Aunque sea por una noche, el futbol trascendió a la política. El líder que abiertamente favoreció a la contrincante de Emmanuel Macron en las pasadas elecciones presidenciales de Francia en 2017, tuvo que sentarse lado a lado con él e Infantino por 90 minutos a disfrutar. Me quedo en efecto con la celebración en el palco de un eufórico Macron y a la vez que repaso una y otra vez cada una de las postales de aquel día, cómo olvidar la cariñosa felicitación de la presidenta de Croacia a sus seleccionados; la lluvia de la que solo en un principio Vladimir Putin fue cubierto; el agradecimiento con los rostros tristes de los croatas a su afición; el festejo primero sobre la cancha mojada como niños de los franceses y después en el vestuario de Paul Pogba y Antoine Griezmann en que hasta un saludo para Carlos Velas salió. Al final si bien la barrera del lenguaje fue real, spasibo es algo que cualquiera que estuvo aquí aprendió y qué mejor palabra para repetir una vez más…. Spasibo Rossiya!

Twitter@jiimejime
jimenar14@gmail.com

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