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Lunes , 18.06.2018 / 10:55 Hoy

El cuaderno de Jimena

No sé si hay tiempo

Jimena Rodríguez

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No he leído mejor recuento de lo que ha estado viviendo el futbol europeo las últimas semanas que el de Óscar Sanz en su columna para el diario El País “El futbol y la náusea”. Si bien muchos de ustedes tienen frescas las imágenes del presidente del club griego PAOK irrumpiendo en la cancha con una pistola en el cinturón para reclamarle al árbitro la anulación de un gol de su equipo, no olvidemos lo siguiente: el pasado febrero ultras rusos del Spartak de Moscú se embistieron en una batalla campal ante aficionados del Athletic de Bilbao que acabó con la muerte de un ertzaina por infarto; después vino el encendido de más de 100 bengalas en el Parque de los Príncipes que interrumpió dos veces el partido de Champions League entre PSG y Real Madrid (antes, la directiva pidió a la capital francesa hacer sentir incómoda a la visita e incluso jugadores se mezclaron con ultras); un día previo en la segunda división de Holanda hinchas ardidos por la goleada que sufrió su equipo bajaron a la cancha a golpear a los jugadores visitantes, similar al comportamiento que tuvieron los del Lille el pasado fin de semana, solo que ahí los futbolistas fueron golpeados por su propia afición. “Si bajan a segunda, los matamos”. La misma fue la intención de los ultras del West Ham que intimidaron a jugadores y dueños; mientras que en el mismo fin de semana, el más oscuro sin duda para el balompié europeo este 2018, los alemanes del Hamburgo amenazaron con once cruces clavadas en el campo de entrenamiento y una gran manta con la leyenda “Ha llegado su hora, no pueden escapar” a su equipo. Esta es la realidad a tres meses del Mundial. Clubes siguen sin entender que abrirle las puertas a los grupos más violentos a lo único que contribuye es a la creación de terrorismo futbolístico, porque no es secreto que estos actos no son los de verdaderos aficionados. Preocupa porque en Rusia hay una calaña de ultras profesionales “paramilitares” que llevan meses entrenando en los bosques para recibir a ingleses, franceses o a cualquiera que llegue a su país con actitud ruda. Si la UEFA, la FIFA y las federaciones no encuentran pronto soluciones más severas, la Copa del Mundo podría convertirse en una barbarie. No sé si hay tiempo para frenarlos.

Twitter@jiimejime

jimenar14@gmail.com

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