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Miércoles , 12.12.2018 / 08:38 Hoy

El cuaderno de Jimena

El mejor recordatorio de que el futbol lo salvó

Jimena Rodríguez

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“Cuando eres niño siempre tienes sueños. Los míos eran jugar en un gran club y ganar grandes trofeos. El Balón de Oro era todo lo que podía soñar cuando era niños. Es un honor ganar este premio” 

Luka Modric 

Me da igual la polémica, en el futbol nada es blanco o negro. Los tres finalistas para ganar el Balón de Oro 2018 tenían los méritos más que necesarios para hacerlo, pero la historia de Luka Modric es sin duda de las que vende, de las que enamora y eso hace más colorido un reconocimiento que muchos aplauden también haya terminado con los 10 años de hegemonía de Cristiano y Messi, que hay que aceptarlo, siguen siendo los mejores del mundo. Desde la primera entrega del galardón en 1956 a un inglés, Stanley Matthews, hasta el primer croata reconocido, el premio no ha estado exento de debate debido a los métodos de votación. En sus 63 ediciones, 43 futbolistas distintos lo han adquirido, nueve han repetido, siete veces ganó un alemán al igual que un holandés, seis veces un francés y cinco un brasileño. 22 veces un jugador del Barcelona estuvo en los tres finalistas, por 21 del Real Madrid, y todo esto sin contar los años que France Football entregó el Balón de Oro junto a la FIFA entre 2010 y 2015. Pero incluso a pesar de las restricciones que tuvo en su momento, como el hecho de que eran reconocidos solo jugadores que militaban en Europa o habían nacido en dicho continente, no deja de ser el más prestigioso de los galardones en el futbol mundial. Hace unos años la revista dio a conocer de manera anecdótica a los jugadores que hubieran triunfado entre el 58 y 94 si se hubiera abierto la votación a nivel internacional, obviamente Pelé se hubiera quedado con siete, mientras que Maradona con dos. Ha habido un checo, un escocés, un húngaro, un búlgaro, un liberiano y un ucraniano, pero el recorrido que tuvo que atravesó el primer balcánico en adquirirlo, incluso el primer nacido en territorio de la extinta Yugoslavia, nos recuerda esa parte romántica de que el futbol es más de lo que sucede o se puede hacer en cancha. Si bien a Modric no le gusta recordar o hablar de cómo vio que mataban a su abuelo en plena Guerra de los Balcanes, o como huyó de Zadar con su familia entre bosques y montañas y vivió en un hotel en medio de granadas, alarmas, sin agua y electricidad, no queda duda que fue el hecho de ser un refugiado desde los seis años lo que lo unió a un balón de por vida, uno que hoy es de oro y sin duda el mejor recordatorio de que el futbol lo salvó.

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