El título es impactante. Es lo que he leído una y otra vez en distintos portales. El asesinato de Celia Barquín Arozamena en el campo de golf Coldwater Golf Links en Iowa, donde estudiaba becada la carrera de ingeniería civil, no debería tener consternada solo a la prensa local y española, sino a la deportiva en general. Primero que nada ser humano, mujer, después golfista, joven de 22 años, española, amiga, hija, estudiante, atleta, campeona amateur, promesa del deporte… persona al fin y al cabo. La historia es de película de terror. El lunes aparece la bolsa de sus palos de golf en extrañas circunstancias. Se alerta a la policía. Se inicia una búsqueda. Se encuentra el cadáver no muy lejos de ahí. Acuchillada en el torso, cuello y cabeza, el cuerpo muestra signos de que intentó defenderse. Feminicidio al fin y al cabo. La última estadística mostró que en EU hubo 1,600 en un año. Celia aún no alcanzaba la fama de una Brooke Henderson, Park Sung-hyun o de históricas como Betsy King o Nancy Lopez. Al contrario, ocupaba apenas el puesto 44 en el ranking World Amateur Golf. Justo a la misma edad en que por ejemplo Lorena Ochoa hacía su debut profesional, Arozamena comenzaba a despuntar. Elegida atleta femenina del año en su universidad, ya había participado en los Juegos Olímpicos juveniles de China 2014. Quedó tercera y segunda en los campeonatos aficionados europeos de 2015 y 2016. Ganó el campeonato de primer orden de golf universitario de Estados Unidos que incluyen 12 torneos y se había asegurado una invitación para el Abierto Británico en 2019, aunado al Abierto de Estados Unidos. Nada de eso importa, no porque ya no tenga la oportunidad de convertirse en todo lo que se esperaba de ella, sino porque no importa lo buena, mala o famosa que era para que aquellos acostumbrados a escuchar sobre violencia contra la mujer en México y en el mundo abran los ojos y se den cuenta que esta realidad aparece en todos los ámbitos. No es el primer asesinato de una atleta, en 2001 se encontró el cuerpo de la patinadora olímpica rusa Kira Ivanova en su apartamento de Moscú con heridas de arma blanca y en 2007 la luchadora Nancy Benoit murió a manos de su esposo Chris Benoit también luchador. Date cuenta.
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