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Jueves , 21.06.2018 / 23:34 Hoy

Columna de Jesús Serrano

A Ras de Duela

Jesús Serrano

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Kobe Bryant ha decidido pasar el tiempo de reconstrucción de su franquicia en el equipo y sabemos que por eso este año podría resultar doloroso para su legado y para el equipo. Más cuando se sabe cómo Mitch Kupchak el gerente general de los Lakers y Jeanie Buss, hija del finado dueño Jerry Buss, habían fracasado en sus intentonas por reformar el equipo para que su tiempo con Bryant fuera aprovechado al máximo.

Primero en el, vetado por David Stern (ex Comisionado), cambio de Chris Paul, luego el experimento que naufragó con Dwight Howard y Steve Nash y en medio de esas turbulencias tener que decidir si el equipo quería darle 48.5 millones de dólares por dos años a un jugador de 36 años que la campaña pasada jugó seis partidos y se recupera aún hoy de serias lesiones de rodilla y talón de Aquiles y ahora los fans de la franquicia con 16 títulos de liga ve cómo su mesías regresa y enarbola esperanzas para el futuro.

Solo que no será este año y en el contador de Bryant cada día cuenta.

Una situación similar se vio en los Celtics un año después de la salida de Ray Allen. En 2013, el equipo le dio permiso (esto es secreto a voces) a su leyenda Paul Pierce de ir a jugar con otros equipos para que sus últimos jugos competitivos sirvieran a algo más que ver una larga y dolorosa reconstrucción. Pierce ya había vivido una que incluyó una campaña con solo 17 victorias y permaneció en el equipo hasta que éste se levantó en 2007, con la llegada de Kevin Garnett y Allen.

Sabemos que cuando el momento llegue, Paul regresará a Boston, jugará un juego más con su número 34 (el cual está intacto y es intocable en Boston a pesar de que Pierce se fue en 2013), y se retirará allí finalizando una gran página de los celtas.

Lejos de fidelidades a la camiseta y esas cosas, la mayoría podría agradecer que Kobe no tuviera tiempo en duela la campaña pasada por causa de sus lesiones, así no se ha expuesto a esa frustración de volver al cero total que es su equipo. En sus años otoñales le será más difícil, porque, por otro lado, él también experimentó ya de 2004-2007 el no tener nada qué aventarle a los demás, más que su talento.

La diferencia es que ahora tiene 36 años. Y en aquel entonces Kobe expresaba su frustración anotando 50 puntos en noches consecutivas, e incluso 81 a los Raptors en 2006. Ahora tendrá que hacer de niñera y debe prepararse para los peores días de su carrera.

Removidos de una campaña de 27-55, la segunda peor en su historia en Los Ángeles, con cuatro coaches en las últimas tres campañas e intrascendentes (lo que más le duele a una franquicia orgullosa y petulante) desde 2010-2011, Bryant ha elegido ser un laker para el resto de su vida y muchos se preguntarán ¿por qué no hizo lo que Dwyane Wade en Miami, que sabedor que su instrumental ya no es el mismo de antes aceptó menos dinero para que el Heat pudiera firmar a Chris Bosh, su estrella para este año, y a un complemento supremo en Luol Deng?

Kobe ha declarado que él merece cada dólar de ese oneroso contrato con el que le cierra la puerta a la organización este año. Quizá tenga razón, pero ahora los Lakers tendrán otra temporada a la sombra en espera de que el próximo año algún jugador élite pueda ser tentado por jugar en LA, un pitch que a últimas fechas ha fallado miserablemente, ya que a Dwight Howard terminó hartándole todo el barullo y oropel de estrellas de Hollywood a ras de cancha y a Kevin Love y a Carmelo Anthony no los impresionó en lo más mínimo ni siquiera un activo reclutamiento de la Black Mamba. Y Blake Griffin no quiere ni en broma salir de los Clippers. Los Lakers tienen problemas serios.

A los Lakers les ha salido mal el diseño. Se acaba de lesionar Nash, que ya dio por terminada su campaña, Pau Gasol ya está en Chicago ayudando a un contendiente (quizá lo que debería estar haciendo Bryant). En lugar de ello, han puesto en stand by su futuro para pagar el sueldo de Bryant y esperar que el próximo año puedan tentar a agentes libres, (se intuye que el plan maestro es comenzar a reunir un stock de estrellas para tentar a Kevin Durant, que será agente libre hasta 2016), y hasta entonces los Lakers tendrán que remar contra rápidos violentísimos, y por más Carlos Boozers y Jeremys Lins que amontonen en la puerta el dolor no se irá.

Lo que lleva a reflexionar si Kobe, luego de ser un actor principal en los últimos cinco títulos de los angelinos, merece un otoño estilo Patrick Ewing en el que el fan se enfrentará al terrible ocaso, luego de conocer la impactante primavera. Para algunos Bryant no merece eso. Porque Bryant parece demasiado orgulloso como para una adaptación humilde estilo Tim Duncan. Aunque, claro, siempre puede sorprender, y si Bryant acepta que su tiempo ha pasado su desenlace será mejor.

Pero tras seguir toda su carrera es difícil tenerle fe a algo tan inverosímil.

Este año exigirá el balón como siempre lo hizo, hará cara de impaciencia ante sus poco experimentados compañeros e intentará el tiro ganador porque siempre ha vivido su vida con esa enfermiza ansia de demostrar a los otros que sigue siendo un top dog. Aunque esta vez quizá sí tendrá que retirarse de esa batalla imposible con los estandartes bajos.

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