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Domingo , 27.05.2018 / 03:36 Hoy

Estira y afloja

El FMI y la elección presidencial

J. Jesús Rangel M.

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Cada año, por estas fechas, uno de los informes más esperados es el que se refiere a los resultados de la Consulta del Artículo IV que lleva a cabo el directorio ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía mexicana y sus perspectivas.

Hay un claro reconocimiento a las reformas emprendidas por el país durante la administración del presidente Enrique Peña Nieto cuyos resultados positivos están a la vista, pero que no se han dimensionado por la situación negativa que ha prevalecido en el exterior.

No obstante, reconoce que fueron optimistas las estimaciones iniciales sobre los beneficios al crecimiento económico, que preveían una elevación entre 4 y 5 por ciento del PIB. El FMI mantiene su proyección de aumento del PIB para México de 2.1 por ciento en 2017 y para 2018 de 1.9 por ciento.

Y es cierto, las condiciones internacionales no han sido favorables para el país, que no ha crecido lo necesario, pero mantiene una estabilidad macroeconómica adecuada y finanzas públicas sanas.

El organismo internacional hace una observación de la mayor importancia: la debilidad en el estado de derecho mermó los impactos positivos de las reformas, por eso será clave dar “prioridad” a los cambios legislativos para atacar la informalidad, la corrupción, la delincuencia organizada y la inseguridad.

“Mejorar la eficiencia y calidad de las instituciones judiciales y policiales será fundamental”, destaca el organismo.

Igual de importante será implementar el Sistema Nacional Anticorrupción, nombrar el fiscal especial para combatir la corrupción nacional, estatal y municipal, incluso la que se propicia desde el sector privado.

Frente a este análisis del FMI, insisto en que los temas centrales que serán utilizados por los candidatos a la Presidencia de la República el próximo año, sobre todo de oposición, durante sus campañas electorales, tienen que ver con corrupción, inseguridad nacional, distribución de la riqueza, índices elevados de pobreza, y cambios en la política económica.

Un elemento nuevo que no se había contemplado y ahora cobra relevancia día con día es el relacionado con la reconstrucción de zonas afectadas por los sismos de septiembre pasado. Ya se politizó y puede convertirse en un fuerte problema social.

Hay que decirlo con todas sus letras: es imposible que los afectados no quieran pagar nada por la reconstrucción. El dinero no alcanza y debe privilegiarse su destino a los que menos tienen de comunidades de Oaxaca, Chiapas, Puebla, Morelos y Ciudad de México.

jesus.rangel@milenio.com

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