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Sábado , 20.10.2018 / 20:53 Hoy

Columna de Jesús Madrazo Yris

El debate del maíz en México

Jesús Madrazo Yris

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El maíz es uno de los más importantes regalos que México le ha dado a la humanidad. Cada año, los agricultores a escala mundial producen más de este cultivo que de ningún otro. Esto es posible porque hace más de 6 mil años, múltiples generaciones de agricultores en México han modificado gradualmente el ADN a través de la selección de características de interés del teosinte nativo hasta domesticarlo en lo que conocemos actualmente como maíz.

En la actualidad se puede observar el teosinte en algunas áreas de nuestro país y es difícil imaginar que se trata del ancestro del maíz, sobre todo si comparamos la estructura de la planta y sus semillas, que es el principal producto de su cultivo. Es difícil imaginar la dedicación que los antiguos agricultores tuvieron que tener para que, a partir de un pasto poco comestible, a través de prueba y error, a lo largo de múltiples generaciones de cruzamiento lograran moldear el ADN para obtener un cultivo más grande y abundante, como lo conocemos hoy en día.

El maíz ha cambiado en los últimos 100 años gracias a las técnicas de mejoramiento y al conocimiento de la genética. Pero francamente, esos cambios son insignificantes en comparación con lo que los antiguos agricultores mexicanos fueron capaces de lograr.

La historia nos indica que el maíz representa una parte central de nuestro patrimonio. Está profundamente incrustado en nuestras tradiciones, cultura y dieta. Somos orgullosos de utilizarlo como ingrediente principal en los platillos que preparamos todos los días en casa. Es por eso que muchos mexicanos —incluyéndome a mí— somos celosos de cualquier cosa que pudiera poner en riesgo ese patrimonio.

Para algunas personas, el maíz y otros cultivos genéticamente modificados son incompatibles con el patrimonio agrícola de México; aunque respeto su perspectiva, no puedo compartir este concepto. En cambio, veo los cultivos genéticamente modificados, los llamados transgénicos, como una herramienta que pueden tener los agricultores de México para alimentar a más personas mediante cosechas más abundantes.

El maíz moderno ha coexistido con el teosinte en México desde hace décadas. No hay absolutamente ninguna razón por la cual este maíz moderno no pueda coexistir con el teosinte y las variedades locales de maíz. Por otra parte, investigaciones de científicos mexicanos han revelado que las medidas de coexistencia que se han implementado en muchas otras geografías del mundo serían exitosas en México, para minimizar el flujo génico mediado por polen del maíz genéticamente modificado hacia los maíces convencionales híbridos, el maíz nativo y sus parientes silvestres (los teocintles).

Resolver el mayor desafío que enfrenta la agricultura global —alimentar a una creciente población mundial con recursos finitos, como tierras de cultivo y agua— requiere de un trabajo colectivo que involucre a muchas personas y diferentes herramientas al alcance del agricultor. En mi opinión, los cultivos genéticamente modificados deberían ser una herramienta más, como son en otros 30 países alrededor del mundo. Esta herramienta no va a resolver todos los desafíos que enfrenta el agricultor; sin embargo, puede ayudar a "congelar la huella terrestre" de la agricultura. Eso significa producir más y mejores alimentos en la misma área agrícola, mientras se reduce la utilización de los recursos necesarios para cultivar ese alimento.

Es un hecho sorprendente que hoy en día México, cuna del maíz, sea el quinto productor de este cultivo a escala global, pero el segundo mayor importador, y que se tengan que gastar más de 40 mil millones de pesos cada año para importar maíz, en su mayoría transgénico, producido por agricultores extranjeros, mismo que los mexicanos hemos consumido de forma segura durante casi 20 años. La biotecnología puede ayudar a los agricultores mexicanos a cultivar más maíz, así como también otros cultivos.

Los cultivos genéticamente modificados, como el maíz, la soya, canola, alfalfa, calabaza, papaya, manzana, papa y remolacha azucarera, no solo son benéficos para los agricultores que los cultivan, nos benefician a todos nosotros trayendo más opciones de alimentos nutritivos y seguros a nuestras mesas. Algunos de estos cultivos pueden ayudar a los agricultores usando menos plaguicidas para proteger sus cultivos de las malezas y los insectos plaga. De hecho, en Estados Unidos el uso de insecticidas se ha reducido drásticamente desde la introducción de estos cultivos. Los cultivos genéticamente modificados también pueden ayudar a los agricultores a aminorar, o incluso eliminar, el uso de prácticas como la labranza, lo cual ayuda a reducir la emisión de gases invernadero.

¿Qué pasa con la seguridad? Como consumidores, las mamás y los papás deberían sentirse seguros de los productos que utilizan para alimentar a sus familias. Honramos su preocupación. Soy padre también y busco la mejor manera de alimentar a mis hijos. Al igual que en temas como las vacunas o el cambio climático, siempre habrá un puñado de críticas que nieguen el amplio consenso científico. Pero no nos engañemos: el consenso entre los científicos es que los alimentos genéticamente modificados son seguros.

La Organización Mundial de la Salud, el Consejo Consultivo Europeo de Ciencias Académicas, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, el Cimmyt en México (Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo), la Universidad Autónoma de Chapingo, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México han expuesto que los alimentos genéticamente modificados disponibles hoy en día son tan seguros como cualquier otro alimento. De hecho, después de casi 20 años en el mercado y más de un trillón de platos de comida servidos con estos alimentos, no ha existido un solo incidente de salud.

Considero que en el centro de este debate existen algunas preguntas críticas: ¿cuál es la mejor manera para rescatar de la pobreza a los agricultores y sus familias? ¿Por qué negarles acceso a tecnologías y avances que millones de agricultores, pequeños y grandes, ya están utilizando alrededor del mundo? ¿Por qué no intentar algo distinto para ayudarles a superar la pobreza extrema y mejorar sus vidas, así como la de sus familias? Cuando volteamos a ver alrededor del mundo, creo que las respuestas son muy claras.

Tecnologías de todo tipo, desde tractores motorizados a los teléfonos móviles y el GPS, están ayudando a los agricultores de todo el mundo a responder a las necesidades de la creciente población de nuestro planeta. Los agricultores que se ven impedidos de adoptar las nuevas herramientas existentes se van rezagando, incapaces de salir de la pobreza.

Soy optimista sobre el futuro de nuestro país, y estoy convencido del gran potencial de la agricultura mexicana. Se necesitan acciones concretas para darnos cuenta de ese potencial, no un populismo dogmático que pone en riesgo a México de convertirse en un museo de la agricultura. Tengo la esperanza de que los agricultores de México no se vean impedidos de utilizar las herramientas que los ayuden a prosperar y competir con agricultores de todo el mundo.

* Vicepresidente global de Asuntos Corporativos de Monsanto.

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