• Regístrate
Estás leyendo: Nazario el huapanguero y la casita de mamá
Comparte esta noticia
Sábado , 23.06.2018 / 11:48 Hoy

Desde la raíz

Nazario el huapanguero y la casita de mamá

Jesús Guerrero Valdez

Publicidad
Publicidad

Desde hace 14 años, los pasos de Nazario Hernández Ramírez, como antaño hicieran los viejos huapangueros, cruzan y cruzan -violín en mano- las calles de la zona conurbada; lo mismo en el mercado de Tampico, las fondas o restaurantes de las colonias en Madero y hasta negocios de comida en el norte de Altamira, si el hambre aprieta.

Él sabe mejor que nadie, los días de bonanza están muy lejanos; Nazario, con lengua náhuatl, es un hombre más bien bajo de estatura, de piel curtida por el sol, siempre de sombrero, pero con una sonrisa franca mimetizada por los arpegios del violín al roce certero del arco con las cuerdas que le reconfortan, alegran el alma y lo llenan de vitalidad.

Qué diferente es el paisaje de su pueblo enclavado en la espesura verde de lo alto de la sierra en Chicontepec, Veracruz, en su pueblito Xoxocapa; llegó desde hace casi tres lustros, si no en busca de fortuna, sí, por un dinerito para comer él y su familia.

Tenía un hermano mayor (de 30 años cuando él apenas cumplió 10), que alternó con don Víctor Ramírez del Ángel, célebre violinista reconocido en la Huasteca y el mundo: “Yo estaba yo chamaquito, el lo que lo enseñó; lo contrataba para que fuera a tocar con su hermano más chico y era conocido del Trío Xoxocapa. Se murió, tomaba mucho y cuando se murió, su mamá le dijo: ‘¿ahora quién hará casa?’. Se puso triste; tomé el violín de mi hermano y me puse a tocar”, recuerda.

“Estaba yo en el suelo, éramos pobres y... ¡están tocando! Los estoy viendo y aprendo; cuando llora el cielo, llora mi madre; la casa está goteando. Le digo ‘ya no llores, mamá, ya estoy creciendo’. Pero Dios me ayudó. Mi madre preguntaba ‘¿quién me hará mi casita? Mi legítimo primero ya murió’. Yo estoy escuchando a mi mamá; ‘no llores más, estoy creciendo’; cuanto tenía yo, 14 años, ya sé tocar”.

Lo escuchó un jaranero, que le dijo: “Nazario, tú ya puedes tocar, para que ‘váigamos’ a Huayacocotla, va a haber concurso, qué tal si ganamos. ¡Ya puedes tocar, Nazario!” Lo acompañó a tocar en aquel concurso, para ganar 80 láminas; “hasta mi casa me las llevaron, con eso le hice mi casita”. Fue un día muy feliz para Nazario.

Antes de que su madre la viera terminada, murió; una noche muy obscura, pasada la 1:00 de la madrugada, tuvo que salir y al no llevar cerrillos, tuvo una caída mortal; la escuchó llorar, un joven fue quien llegó hasta donde estaba ella y le ayudó, levantándola, “pero se chingó la cadera”, dijo.

“No alcanza a verla, mamá, porque un mal le pasó”, dice desconsolado. “Ni modo”; con esa mueca casi fija de su rostro balbucea algo en náhuatl, y sonríe, antes de seguir tocando afuera de la fonda, un “Querreque”, luego un “Canario” y “La Cecilia”.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.