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Martes , 17.07.2018 / 18:34 Hoy

Desde la raíz

El peor desastre: no apoyar hermanos en desgracia

Jesús Guerrero Valdez

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¿Hay algo más violento que vivir en medio de la escasez y ser asaltado, así de improviso en la madrugada, por la poderosa naturaleza? Saberse en desamparo, sin tener los medios para enfrentar los efectos de bolas de granizo tan grandes como la palma de una mano.

En medio de la tromba que se desató la madrugada de ayer miércoles, se supo por los más viejos, se estremecieron -ante el rugido escuchado que cimbró desde el cielo-, la tierra que habitamos: “¡Hace tiempo en la zona no se escuchaba algo así!”, dijeron.

Mauro García Molina, de 68 años originario de la colonia Ampliación San Martín, en Pánuco, Veracruz, sufrió los estragos de la naturaleza. Refugiado en su hogar a esa noche, sintió el viento fresco y dejó abierta la ventana; no sabía. Le sorprendió la fuerza de los truenos y la lluvia que lo alcanzó a mojar hasta su colchón. Varías láminas de su casa se desprendieron, los pedazos de hielo y la lluvia entraron con amplio cinismo por todos los rincones de su casa. Fue una larga noche.

Al mismo tiempo en la Revolución Mexicana, ahí mismo en Pánuco, dejó sin su techo de lámina la casa de Virginia García Vázquez, joven madre soltera de 40 años, quien junto con sus hijos tuvo que sortear el mal tiempo y los golpes a tropel de las frías pelotas de hielo que lastimaron el cuerpo de su sobrina Estefanía, de 14 años.

“Nunca pensamos que ocurriría algo semejante; dormíamos cuando empecé a escuchar a las 3 de la madrugada que golpeaban, golpeaban y golpeaban el techo de mi casa; mis hijos y yo pensamos que pronto pasaría, pero nomás no, hasta que se voló el techado de la cocina”; la pesadilla se prolongó por espacio de media hora. No la lluvia; tan solo el granizo.

Recuerda cómo trató de salir y una ráfaga de viento la rebotó contra la pared, mientras su hijo mayor le ayudaba a incorporarse; el agua dañó su refrigerador, sus colchones y ropa. Afortunadamente se resguardaron el cuarto construido de block. Pero su mente la llevó a pensar en todas aquellas personas con casas de lámina y cartón que no tuvieron la misma suerte.

Los municipios de Ozuluama y Pánuco en el norte de Veracruz, reportan 1 mil 600 familias que perdieron sus viviendas. E n Tamaulipas, tan solo en Altamira unas 77 afectó, sobre todo la tromba y granizada, en tres ejidos. Todos con daños por árboles caídos, techos volados por las ciclónicos vendavales y un granizo que pudo perforar los humildes techos de cartón.

Para los que vivimos en mejores condiciones, nos quedamos con la anécdota; para los cientos de perjudicados viven el trauma de perder su hogar. Al día siguiente, Virginia, Estefanía y don Mauro salieron a apoyar a sus vecinos. Mientras usted y yo leemos esta nota. Son tiempos de ayudar.

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