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Sábado , 23.06.2018 / 15:58 Hoy

Desde la raíz

Educar desde la violencia

Jesús Guerrero Valdez

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Un certero y sorpresivo cateo se realizó en el domicilio de la familia del menor que atentó contra su maestra y condiscípulos en una escuela allá en Monterrey, Nuevo León. El operativo reveló el rostro de la tragedia más sonada en los últimos años de nuestro país. Se hallaron armas de diversos calibres; el padre del menor era aficionado a la caza.

Debo decir que en mi adolescencia me tocó cursar la educación media en una escuela de paga de dudosa calidad en el corazón del barrio bravo de la Unión, aquí en Tampico. Ahí viví la presión de mis compañeros (llegaba de un fabuloso colegio en la zona centro de la urbe) junto a la experiencia de ser amenazado más de cinco veces; dos con navaja y tres con armas automáticas por la espalda, por cierto, estas últimas calibre .22. Viví el temor de ser asesinado, el mismo que paralizó a mis propios maestros para poder intervenir. Medito que entonces -como ahora-, mi primera impresión fue que la violencia nos llega de fuera, exógena.

Lo que ocurrió en el Colegio Americano del Noreste en la ciudad de Monterrey, si es verdad que es la suma de muchas cosas, es sin duda el reflejo de una sociedad que no acaba de despegar, que avanza constantemente a la decadencia.

Ahora me recuerdo con mis “buenos” modales en aquella colonia que vio en mi, quizá a un intruso; más nunca pasó por mi mente buscar un arma –cualquiera que esta fuera- para dañar a mis semejantes, agresores o no. Me hace ruido pensar que se esté apoderando de la juventud de este mundo la indolencia, no solo para vivir, si no hasta para matar.

Flota en nuestro país un ambiente extrañamente rancio, enrarecido, corrupto y encubridor que ha permeado a los hogares; Una vez más se comprueba el axioma “violencia engendra violencia”, y pareciera que el predominio del arcaico sistema patriarcal, sigue haciendo daño a nuestra sociedad. Irradia prepotencia, abuso y dolor que se en cripta en lo más profundo de los corazones de niños violentados (sin querer, o queriendo) dentro del seno familiar. Agresión psicológica, también por omisión. Con efectos que golpean en todos los ámbitos de nuestra vida. En las calles, el trabajo o la casa por citar unos ejemplos.

La violencia transforma negativamente la vida de cualquier ser humano. El velo que se corre apenas en el domicilio de la casa del agresor, nos deja ver el caso de dominio-sumisión, base imprescindible para el crimen, el fanatismo y la transgresión.

El arma era del padre... así como el gusto que le inculcó por matar.

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