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Martes , 16.10.2018 / 08:01 Hoy

Desde la raíz

Aquí también se cuecen habas a nómadas de casa

Jesús Guerrero Valdez

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Cuando uno escucha por radio o ve por televisión el difícil entorno migratorio que viven pobladores de diversas naciones, surgido por alguna situación adversa en sus lugares de origen, en algunos casos ante devastadoras guerras o a causa de crueles regímenes de gobierno, uno no puede más que condolerse.

No hace falta trasladarse a Siria, Palestina, Argelia, en el Oriente Próximo o Europa; el éxodo de paisanos rumbo a EU es la cruda realidad que hace mucho tiempo experimentamos en carne propia, no sin el dolor que deja la desintegración de miles de familias. Muestra de ello son pueblos enteros que se han quedado sin la presencia masculina.

Ahora está en puerta la consecuencia de desacertadas decisiones de un gobierno republicano, encabezado por un indolente empresario y demás, sicópata, vecino del norte: detrás, el DACA (por sus siglas en inglés: Deferred Action for Childhood Arrivals) fracaso de una reforma migratoria impulsada por el 44o. Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Hussein Obama II. Un daño a eso jóvenes que son más norteamericanos que mexicanos, y que sin embargo, nos duelen.

Ahora que el tema de la emigración cobra fuerza, destapando la xenofobia habitual de los pueblos, y con ello, los atropellos -no únicamente a los mexicanos- a todo aquel que está en situación de “errante”, en busca de algo más, aquí, en la Unión Americana o en cualquiera de los cinco continentes, recuerdo el paso cansado de las familias provenientes de los pueblos cercanos que viajan a las ciudades grandes, o pequeñas como Tampico, dejando campos y cosechas.

Ahí está el nómada, sin mayor delito que el de emigrar para hallar trabajo, muchas veces empujando a la familia a un destino incierto; como resultado, una circunstancia que se repite una y otra vez, en varios escenarios del mundo: el menosprecio y el odio de los pobladores, incluso aquí en este microcosmos.

Nómadas en la vasta Huasteca y no otra cosa son los músicos tradicionales, los artesanos, los danzantes y tantos otros hermanos que son mal vistos y mal tratados a la vuelta de la esquina, en estas calles del Puerto. No hace falta trasladarse al contexto mundial: aquí en casa, también se “cuecen habas”.

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