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Martes , 21.08.2018 / 17:36 Hoy

Los sonámbulos

El terror a la corrupción

Jesús Delgado

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Siempre con el ánimo de confundir y procurar sacar raja, grupos empresariales neoliberales utilizan una navaja de doble filo para abordar el tema de la "seguridad".

El ejemplo más reciente lo dio la Cámara Americana de Comercio (American Chamber) que, según una nota de "El País" (27 de julio), montó el discurso de la "seguridad jurídica" (la falta de ella) sobre el de la seguridad pública (la ausencia de ella también), pero terminó aceptando que "la principal amenaza para las empresas extranjeras en el país es la inseguridad jurídica que perciben en algunos Estados".

"La corrupción sale cara" en algunas entidades, sostuvo el organismo y afirmó que "la falta de un Estado de derecho sólido es un desincentivo para la inversión y la generación de empleos formales. La corrupción genera incertidumbre sobre las reglas del juego y esto afecta negativamente a todas las empresas", según dirigentes de esa agrupación en nuestro país.

Esa "inseguridad" se dejó ver luego de una encuesta aplicada a 340 directores generales, de los cuales el 60 por ciento representa a firmas foráneas, quedando claro que los "inversionistas" están más aterrorizados por la corrupción que por todos esos grupos criminales que andan jalando alegremente del gatillo en puntos específicos del territorio nacional, pero no dejaron de tocar el tema, distinguiendo "focos rojos" (sólo 9 por ciento de empresas afirmó haber dejado de invertir por ese motivo)

Algo superior debe haber detrás de este apanicamiento empresarial pues, por un lado, nadie tendría que ofrecer disculpas por un asunto en el que todo se hizo bajo el imperio de la ley (el asunto de la Casa Blanca, por ejemplo) o, en el otro extremo, nadie debería declararse casi como indigente político, sin ninguna propiedad, al calor de iniciativas ciudadanas de transparencia (como están haciendo ya algunos) si toda su vida ha estado en la nómina pública.

Con el penetrante olor a azufre de rigor, ambos casos recuerdan las historias de Dostoievski durante su reclusión en Siberia donde, rodeado de asaltantes, ladrones, estafadores, asesinos y otros especímenes de baja calaña, éstos le declararon al escritor "ser inocentes", casi víctimas.

Pero no debe omitirse que si de algo gozan los empresarios foráneos (y los locales) en México es justo de un "estado de derecho" confeccionado a su medida pues no en balde los poderes públicos han sido penetrados por agentes económicos.

Cabría referir un largo rosario de "incentivos", con o sin ley, como el "regalo" de terrenos de propiedad pública para levantar empresas con 300 empleos de sueldos miserables, o un andamiaje neoliberal que permite algo más que simples paseos en paraísos fiscales, abusos con el dinero de los trabajadores vía Afores, etc.

Hay mucha violencia, sí, pero lo que se reveló fue que los porcentajes de terror están muy elevados en otro lado y de eso no hablaron.

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