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Martes , 19.06.2018 / 11:28 Hoy

Los sonámbulos

De la culpabilidad sin culpables

Jesús Delgado

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A contra corriente de los bondadosos supuestos de los profetas de la decencia y el miedo al ridículo, hoy todo el dinero que se muestra está salpicado de lo más canalla. Quizás por experiencia o por un olfato audazmente desarrollado, es que se ha puesto al descubierto que en toda operación administrativa gubernamental hay, no una, sino varias partes que se "reparten".

Una descripción más técnica apunta a que, una vez que la vaca ha muerto, los protagonistas proceden a destazarla y a quedarse con todo y patas, lo que constituye una verdad básica impulsada tal vez por el apagón analógico que, parafraseando a los clásicos, ha dado a la realidad una mayor nitidez o, lo que es lo mismo, una proyección de la corrupción y trastupijes en alta definición.

La reciente escaramuza entre el gobierno y representantes de la iniciativa privada, ámbito donde algunos fueron pillados en alegre conformación de cártel para el reparto de contratos del IMSS, prueba que la purificación sólo se alcanza, por ejemplo, cuando un empresario pide prestados 29 millones del dólares a un hermano presidencial incómodo (según el remoquete que disfraza tráfico de influencias, negocios millonarios y fortunas, no obstante sueldos de burócrata de medio pelo) y, además de no pagar el "crédito" puede salir a presumir desconocidos talentos, muy ocultos, motivo de envidias y perfidias.

Este tipo de conspiraciones, igual que aquellas donde varios se reúnen para fijar precios, tasas de interés, reparto de concesiones, "comisiones" por contrato de obra pública, etc., reveladas así de golpe, sin hipocresías ni atenuantes, no encajan con la mentira institucionalizada que históricamente ha obligado al penetrante analista del poder y al ladino ciudadano, a instalarse en la sospecha como parte de una cultura invencible.

Sin embargo, la sinceridad no supera sus "males imaginarios" perpetrados por parte de seres todavía más fantasmagóricos ya que todo termina en algo parecido a un hilarante "mea culpa" sin culpable, un acto de contrición desobediente donde el sujeto se arrepiente mientras le hunde el cuchillo a la vaca.

No tanto por protección de datos o "razones de establo" sino por miedo al ridículo (más que a la ley), no se ha ampliado la lista de cárteles económicos ni difundido identidades de sus miembros, de la misma manera que se "oculta" a los beneficiarios de los miles de millones de dólares que soltó Banxico por el reciente ataque especulativo al peso.

Es el mismo método para dejar pasar lo turbio en paraestatales al borde de la extinción (a pesar de efemérides y festejos y su aire luctuoso), y que van a generar problemas más graves para el país, como es el caso de Pemex que, en otras condiciones, harían revivir al mítico "Panchito Chapopote" de Xavier Icaza, al menos en su parte estridente.

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