• Regístrate
Estás leyendo: Campeones del sufrimiento
Comparte esta noticia
Jueves , 20.09.2018 / 08:41 Hoy

Los sonámbulos

Campeones del sufrimiento

Jesús Delgado

Publicidad
Publicidad

Observación elemental: las medallas siempre han tenido dos caras. Por eso, en contraposición con la época de la sociedad de la feroz competencia, en nuestro país cada cuatro años se remarca el espíritu de incompetencia y sus diversas manifestaciones de frustración.

Esto no es por los atletas que forman parte de una élite mundial por méritos propios y han alcanzado el Santoral Olímpico ("la redención mediante el esfuerzo cuasi solitario", diríase teológicamente) sino por la desesperación de la clase dirigente por victorias que les permitan colgarse y "presumir algo".

Desde que el deporte fue ligado política y económicamente a los regímenes, los guantes de un boxeador o los botines de una marchista llevan una carga muy pesada: casi, casi el destino del país y el honor nacional. No merecen un fardo así pero, ante el fracaso, los llamados "controladores deportivos" intentan configurar una vía de escape a la presión, a la angustia y a esa sensación de inseguridad acumulada; vaya, por lo menos un momento des-rutinizador con una emoción agradable para el pueblo de, dicen, la "decimocuarta potencia económica mundial".

"¿Qué "Más Allá" resiste que lo saquen del ring de un sólo golpe?", preguntó Monsiváis en su socarrona "exégesis" sobre los combates de "El Santo" contra zombis diabólicos, vampiras del Siglo III a. C, científicos dementes, tribus perdidas y hasta extraterrestres (Los Rituales del Caos)

En forma similar, ese "Más Allá" que, aseguran, mueve al neoliberalismo (capitalismo salvaje) es proyectado sin trapos y a golpes durante el Ritual Olímpico (ello, amén de la "sana irrealidad" cotidiana y sus olímpicas cantaletas donde el mismo día en que la clase dirigente anuncia el cielo en la tierra emerge un paisaje poblado de diablos) procurando en escasos triunfos un paliativo a su situación miserable, donde funcionarios se declaran agentes de viajes y caciques deportivos continúan medrando al amparo de boteos manipulados.

En todo esto, los mal pensados no alcanzan a advertir que la propuesta del magnate Carlos Slim de reducir la semana laboral de siete a tres días nada tiene que ver con el inicio del semi-despido silencioso ni con "El derecho a la Pereza" (de Paul Lafargue, yerno de Marx) sino tal vez con la deportivización del ocio, un empeño más que civilizador o de un nuevo refinamiento de costumbres, según la interpretación de las ideas de Erasmo de Rotterdam, y así comenzar a dejar en el anecdotario el ritual de fracasos dirigentes, (remárquese: no división de trabajo, sino subempleo; nada de "solidaridad orgánica" sino más competencia y, por supuesto, salarios todavía más míserables, a menos que se crea que los días de holganza van a ser pagados por la cartera del multimillonario)

Esa es la cara de otra "medalla del progreso", la de campeón del sufrimiento, que espera a más jóvenes.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.