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Domingo , 21.10.2018 / 06:32 Hoy

Los sonámbulos

Asalto a la garota de Ipanema

Jesús Delgado

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Escena surrealista en la que aspirantes a dioses del Olimpo, representantes del "Citius, altius, fortius" ("más rápido, más alto, más fuerte") que supone el perfeccionamiento del ser humano tanto en el ámbito moral como en el físico, signo de una vida saludable, son al mismo tiempo promotores-esclavos de gaseosas adictivas, comida chatarra (en cajitas adornadas con payasos) y, para hacer al mundo más ecológico y reconfortable, empresas petroleramente tóxicas.

En total armonía con el mundo de los opuestos, el fomento al espíritu de confraternidad se da en un país donde las clases dirigentes se disputan el poder con interinatos forzados y golpes traicioneros, obligando a la suspendida Presidenta (Dilma Rousseff) al ostracismo y a paseos en bicicleta, con acusaciones mutuas de corrupción, movilizaciones sociales y, en fin, un baile de samba cuyo final no será distinto al de otros Juegos Olímpicos.

Además de confirmar el espíritu romántico-burgués del barón de Coubertin (no se trata de ganar, sino de competir) la situación ha llevado al extremo de calcular finales bárbaros, casi como un asalto y violación tumultuaria contra la Garota de Ipanema (Chica de Ipanema) a ritmo de Antonio Carlos Jobim con letra de Vinícius de Moraes, esa que ensalza la belleza femenina pero que también profetiza un "dulce balancear, camino del mal".

Porque a partir del próximo viernes hasta las prostitutas de Brasil estarán de moda en el mercado, todo para solaz del público visitante y de uno que otro dirigente olímpico impregnado del espíritu "picaflor" de Zeus, así como de audaces escapistas de la villa olímpica. Así ha sido siempre.

Y porque igual, y según estudios no refutados, desde Barcelona 1992 a la fecha, justo durante el oleaje neoliberal (sinónimo de saqueo a lo bestia) ningún país organizador de torneos internacionales ha obtenido alguna rentabilidad por ello, sólo pérdidas.

Se vio en Londres 2012: la oficina Nacional de Estadística dio a conocer el rotundo fracaso comercial pues solo 2.4 millones de personas acudieron a esa ciudad con motivo del evento, 5 por ciento menos que en agosto del año anterior. Museos, galerías, tiendas y atracciones al aire libre acusaron descensos de hasta 21.3 por ciento de visitantes (y eso que no había jaloneos políticos y económicos, como los actuales).

Total, más de 14 mil millones de dólares invirtió el gobierno para no ganar nada, incluso perder con instalaciones en calidad de "elefantes blancos", como sucedió en China, Grecia y otros, todo con cargo a los contribuyentes.

Andy Robinson ("Un reportero en la Montaña Mágica, cómo la élite económica de Davos hundió al mundo"), reportó a La Vanguardia (2-8-16) que Londres 2012 y Río 2016 tienen en común, además de que nada más pueden tomar Coca Cola y comer Big Mac para aguantar las colas, ese círculo perverso donde el gobierno, vía hacienda pública, sale al rescate del fraude mediante el cual algunos se hacen millonarios.

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