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Domingo , 21.10.2018 / 21:44 Hoy

Areópago

Pecado estructural; las estructuras no pecan

Jesús de la Torre T. Pbro.

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Los católicos estamos en la quinta semana de preparación a la fiesta cumbre de la celebración de la Pascua. La semana que se inicia normalmente es para la reconciliación. En los trece decanatos que tiene la diócesis de Torreón, los sacerdotes tal demarcación, hacen acuerdo para todos unidos acudir a un templo parroquial o capellanía, para administrar el Sacramento de la Penitencia o Confesión. Se supone que durante la Semana Santa no deberá haber confesiones, aunque no se prohíban.

Este hecho social, no necesariamente tiene una proyección social, porque cantidad de ofensas a Dios, a la Iglesia, al prójimo y así mismo, no todo mundo lo reconoce. En las últimas décadas, las Iglesias latinoamericanas, y ya también la Iglesia universal, hablan del pecado personal y del pecado social, o pecado estructural. Pero hay que advertir que el pecado brota de la persona. Las estructuras no pecan, pero son condicionamientos que al no procurar remediarlas la persona, comete serias injusticias con tranquilidad, porque así es la vida. Nadie lo ve mal y le vale gorro si le hablan de pecado estructural o de pecado social.

El pecado social o estructural es un mal humano que está facilitado a los individuos, por la organización social, como es por ejemplo, las llamadas “mordidas”, las casas de prostitución, etc. Se trata de la colectivización de los egoísmos de los individuos. En general, esta tarea se cumple con el ánimo de lucro, así sea criminal. La maldad de las estructuras se oculta a veces bajo el mando de “justicia”, como sucede con las muchas dádivas con las que se compra el voto en tiempos de elecciones.

Cuando las personas comienzan a ejercer un sentido crítico que les lleva a esclarecer lo que es el pecado social o estructural, comienzan a ver que si hay en la sociedad excesiva riqueza en unos pocos, y mucha pobreza en muchos más, advierten que ese estado de cosas no se explica de manera natural, sino que se trata del resultado de injusticias severas. Pero lo que debe ser cambiado, primero está en las conciencias de las personas, después en las leyes. Esto último es difícil, porque la injusta estructura nos da una casota, una cuenta bancaria abultado, un privilegio en el trato de nuestros litigios con la palanca que supone la ayuda del compadre. Sin hacer cola para nada en ninguna oficina, donde otros tienen que presentar hasta el registro del perro casero, para completar los papeles que le pide la burocracia. Con lo dicho, cualquiera piensa que sí le hace falta una confesadita, pero….


jesus_delatorre@live.com.mx

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