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Areópago

Los líos de las transiciones civiles y eclesiales

Jesús de la Torre T. Pbro.

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Como la mano en la puerta, pasamos por días, semanas y meses, en los que las transiciones civiles y eclesiales nos han estado dando una maltratada que no esperábamos. 

El 1º., de julio, los mexicanos con nuestro voto le dimos un cambio a los nuevos personeros del Estado mexicano. Situación que muchos no están conformes pero que se contenta justificándose con la afirmación de que votaron por el menos peor. 

Ahora los cambios se sienten severos en cuestión de salarios, pero cortarle ductos al robo de gasolina, deja al país con el Jesús en la boca, pero es el costo de una lucha contra malas prácticas que se ha estado dando en el país con la maldad con carta de ciudadanía. 


En el campo eclesial, desde agostos del 2018, se fueron desencadenando en Torreón cambios de presbíteros de sus comunidades parroquiales y otro puestos, con decires de los presbíteros cambiados, de sus comunidades que por lo pronto, no hay mecanismos pastorales para de alguna manera tomarlos en cuenta, no obstante el respeto con el que lo trata el magisterio ordinario de la Iglesia, que le llama “el Santo pueblo de Dios”(LG y Papa Francisco). La diócesis lagunera de Gómez Palacio, en tan corto tiempo, espera ya su tercer Obispo, sin que por lo pronto se le diga al “Santo pueblo de Dios” que ahí peregrina, quién será el elegido.

Lo admirable de estas transiciones civiles y eclesiales se dan en el hecho de que no se descuartiza ni la comunidad civil ni la comunidad eclesial, pero que hay que conducirse con gran sabiduría y aguantar los embates del derecho de pataleo, que son movimientos de coyuntura que surgen con la espontaneidad del viento, que no avisa, pero que llega, a veces con desagrado, como las tolvaneras laguneras, sin que esto nos dispense del deber de conocer la naturaleza del movimiento social o religioso, que puede traer ímpetus violentos. 


Mientras tanto, la diócesis de Torreón, a niveles minoritarios, comienza a generar una preparación para un posible cuarto plan diocesano de pastoral, o proyecto pastoral, que para asegurar su éxito, deberá tomar en cuenta al “Santo pueblo de Dios”, que es lo mismo a hacerse una decisión, con sus mecanismos apropiados, para que haya una participación desde la base, quizá mirando por una metodología que incluya el ver, pensar y actuar pero dando un paso de calidad mejor como es incorporar la metodología de los “Signos de los tiempos”, tan recomendada por el Papa Juan XXIII.

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