• Regístrate
Estás leyendo: Lo que no se piensa del fútbol
Comparte esta noticia
Domingo , 16.12.2018 / 16:20 Hoy

Areópago

Lo que no se piensa del fútbol

Jesús de la Torre T. Pbro.

Publicidad
Publicidad

Michel Quoist, fallecido en 1997, fue un sacerdote obrero francés, aficionado al futbol quien, en uno de sus libros llamado “Oraciones para rezar por la calle”, describe un partido de futbol en éstos términos: “Y como cada uno cumplía su misión, estando en su sitio, como todos rendían lo previsto y cada uno se sabía una pieza del conjunto, lenta, pero segura, la pelota avanzaba, y cuando el balón hubo recogido el esfuerzo de los once jugadores el equipo disparó y marcó el tanto de la victoria”(Id. Sígueme, pág. 122). Estamos ya en plena celebración del campeonato mundial de futbol y lo más seguro es que los cronistas de futbol, que trasmiten a nivel internacional estas batallas de cancha futbolera, no piensan como el comentado sacerdote obrero, quien por su hábito de participar en las metodologías cristianas de la “revisión de vida”, acostumbra reconocer el esfuerzo comunitario de toda acción humana. Entre nuestros conocidos cronistas deportivos, lo que más vale, es quién metió el gol. 


Lo alaban, lo sobre consideran como jugador individual. 


Les vale gorro lo comunitario.


El fútbol como fenómeno cultural, social, político, nos arrastra y por tal de vivirlo en nuestras emociones, nos cambia horarios, nos cambia la conducta, en algunas ocasiones nos hace gastar más de lo que son nuestras condiciones económicas. La disciplina familiar la trastorna. Los deberes cívicos los tiene tendencia a olvidarlos, no obstante que cuando nos ponemos pensativos, reconocemos que el futbol puede ser una escuela de educación, de cultivo de valores. La cancha es escuela y cuando se le propina una mentada colectiva al árbitro, cada quién se justifica pensando en lo injusto de alguna decisión. Las horas dedicadas al futbol son de mucha convivencia en familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo, de escuela; nos puede servir para olvidarnos de problemas serios, de deberes cívicos, de responsabilidades familiares o de trabajo. Hasta para olvidarnos de nosotros mismos, aunque eso no sea bueno. El futbol a veces es una bendición y a veces una evación.


Le damos duro a la cerveza, al tequila, y otros derivados con sus respectivas carnes asadas y otros gustos de cocina. Algunas amas de casa tienen gusto porque ese día ahí está el esposo, o, preocupación porque si está en casa con los amigos, no se prevé cuánto se descompondrá. Cuando el fútbol se convierte en un suceso irremediable para la conducta humana, de seguro que para ese menester no fue creado este deporte, que muchas cosas nos facilita pensarlas al revés. 


jesus_delatorre@live.com.mx

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.