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Sábado , 22.09.2018 / 13:11 Hoy

Areópago

La locura de la persecución del delito

Jesús de la Torre T. Pbro.

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A las puertas de la Semana Santa, viene bien una reflexión sobre el comportamiento social en torno a la persecución del delito, ya que las autoridades encargadas del orden social, no sólo persiguen a quien cometió el delito sino también, al que se sospecha que lo pudo haber cometido. Además cuando ya se tiene en la cárcel al delincuente, se le manifiesta una dureza de trato que rebasa consideraciones humanitarias, como cuando el encarcelado se le ha muerto un ser querido y no se le permite ir a verlo, o cuando se extreman precauciones para que un encarcelado se atienda con un médico, o se sienten los encargados de los encarcelados autorizados para atizarles sufrimientos ignorando sentimientos de los presos.

El Papa Francisco decía en una de las cárceles de Ciudad Juárez: “las cárceles son un síntoma de cómo estamos en sociedad, son un síntoma de muchos casos de silencios y de omisiones que han provocado una cultura del descarte. Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que poco a poco ha ido abandonando a sus hijos”.

El Papa ponía el dedo en la llaga sobre los actuales comportamientos sociales en torno a los encarcelados, diciendo: “La misericordia nos recuerda que la reinserción no comienza acá en éstas paredes; sino que comienza antes, comienza “afuera”, en las calles de la ciudad.

La reinserción o rehabilitación, comienza creando un sistema que podríamos llamar de salud social, es decir, una sociedad que busque no enfermar contaminando las relaciones de barrio, , en las escuelas, en las plazas, en las calles, en los hogares, en todo el espectro social, un sistema de salud social que procure generar una cultura que actúe y busque prevenir aquellas situaciones, aquellos caminos que terminan lastimando y deteriorando el tejido social”.No deja de ser miopía el pensar que se puede ser bueno a la fuerza, endureciendo las sentencias carcelarias e incluso aplicando la cadena perpetua, o propiciando pensamientos que favorezcan la aplicación de la pena de muerte.

En la sociedad moderna se han multiplicado las conductas delictivas, y un resultado desacertado ha sido el perder el sentido del amor al prójimo en estas situaciones conflictivas.

El Papa ha llamado a un Año Santo de la Misericordia, que lleva en sí una provocación hacia un cambio de mentalidad en la conducta social, en la aplicación de leyes donde no sea la severidad el distintivo, el amor y la comprensión para rehabilitar al reo desde su intimidad. Para pensar en Semana Santa.


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