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Lunes , 17.12.2018 / 06:23 Hoy

Areópago

La educación en la emergencia educativa

Jesús de la Torre T. Pbro.

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De muchas maneras se nos comentó, a partir del 16 de agosto, que 26 millones de alumnos en el país, ingresaban a las aulas escolares. El dato cuantitativo por sí mismo es alentador. Pero no basta que los alumnos ocupen asientos en los pupitres de las escuelas y colegios particulares. La pregunta clave está en: ¿Qué es educar? ¿Para qué educar?. Ya hace décadas que en organismos como la ONU, la UNESCO, las Iglesias, han llamado la atención sobre lo que se conoce como la emergencia educativa.

El sistema educativo mexicano, con sus contadas excepciones, educa para el mercado y con criterios dictados por las ventajas del mercado.

Abundan los alumnos con títulos de especialización que producen una fragmentación de la realidad que reduce visiones económicas, políticas, sociales; esta fragmentación que en general se saluda como un bien para la competencia, termina por quedarse con visiones cortas de la realidad, porque se carece de una visión de la realidad de conjunto.

Pero todo está orientado por el horizonte de la eficacia. Y la eficacia produce dinero, que es lo que se quiere. La llamada “emergencia educativa”, indica que la realidad está marcada por la desigualdad social, por la deficiente distribución de la riqueza. Esta se concentra en unas pocas manos. Las famosas reformas estructurales del actual gobierno, producen la concentración de la riqueza en pocas manos. Este hecho impacta directamente en el desarrollo educativo. Esta desigualdad genera la exclusión y la pobreza, ya que las leyes del mercado van a darle trabajo con desigual remuneración “al hijo de papi” que al hijo de cualquier vecino, que con el mismo título del “hijo de papi”, anda de chofer e incluso de lavacoches. Los jóvenes universitarios pobres, van al desempleo informal, ya que tienen el deseo de que su familia no viva en la miseria, y trabajan “en lo que sea” y así, todavía le hacen la lucha de sacar alguna carrerita más. Esta desventaja no es su culpa sino del sistema que activa sus mecanismos de exclusión social, mientras se publicita como democrático. Todo lleva a una educación para el mercado como monstruo que no nos deja ver la realidad que engulle la dignidad humana. Luego nos quejamos de tanta corrupción, tanto narcotráfico.

Poco nos preguntamos cual ha sido nuestro aporte para darle a la educación un sentido humanista y no educar para el mercado, según los criterios del mercado, que exige una educación así. Para ganar dinero y no para educar integralmente a la persona.


jesus_delatorre@live.com.mx

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