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Areópago

Iglesia en la historia del norte del país

Jesús de la Torre T. Pbro.

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Con el hecho de que la Diócesis de Torreón, recién ocupa la sede episcopal el Dr. Dn. Luis Martín Barraza Beltrán, quién sucede a Dn. José Guadalupe Galván Galindo, es pertinente hacerse la pregunta, qué significa para la región del norte éste joven Obispo y a que historia se integra. Es el cuarto Obispo para ésta Diócesis, de pocos obispos para una comunidad diocesana que cercana a seis décadas, que se inició bajo la presidencia del primer Obispo, Dn. Fernando Romo Gutiérrez, cuando la ciudad de Torreón recién celebraba sus 50 años de vida citadina. Hay que pensar a la Iglesia, acompañando a los pueblos laguneros en su caminar histórico, con intentos de desarrollo integral. Esta región norteña, moderna y fronteriza, hoy no se puede escribir de forma completa si se ignora la presencia histórica de la Iglesia, que viene desde el siglo XV, cuando los sacerdotes jesuitas implantaron la Iglesia a partir de Parras de la Fuente. Fundaron pueblos, abrieron escuelas, crearon una pastoral de repoblamiento luchando contra el aislamiento de los indígenas y favorecieron el mestizaje. Al finalizar la época colonial y al inicio de la organización política de México, pusieron su aporte pastoral los sacerdotes diocesanos. Su pobreza fue el poco personal. Fundaron pueblos en el desierto lagunero, abrieron caminos, impulsaron el desarrollo integral. En tiempos de Dn. Porfirio Díaz, se pusieron las bases de las ciudades industriales en la región lagunera y a esta región llegaron los sacerdotes redentoristas, claretianos, josefinos, que unidos a los jesuitas y diocesanos, dieron una dura batalla por la evangelización, a veces en medio de persecuciones por la fe.


La historia de la evangelización en la región lagunera penetra en la cultura lagunera, en su arte, en su modo de organizar la convivencia citadina. No se puede hacer una historia completa de la región si se margina la presencia de la Iglesia que está en las cooperativas de ahorro y producción, en las luchas por el medio ambiente. Se modela al hombre lagunero, tenaz, luchador, lleno de inventiva, que cultiva el desierto como lugar de la vida. De tiempo en tiempo, aparecen historias regionales que ignoran la presencia de la Iglesia en la modulación de la gente lagunera. Sus tres obispos anteriores han sido auténticos promotores del hombre lagunero: Dn Luis Morales Reyes, segundo Obispo estructuró una pastoral de penetración con sus dos planes de pastoral cuyos métodos pastorales aún perduran, quizá más entre los pobres.


jesus_delatorre@live.com.mx

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