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Jueves , 13.12.2018 / 17:39 Hoy

Areópago

Gozos, esperanzas, tristezas y angustias

Jesús de la Torre T. Pbro.

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Políticamente estamos en días de silencio sobre política partidista. 


Hay que observarlos y hay que cumplir el deber con la patria. Pero hay otros muchos temas sociales que legalmente no se nos prohíben en estos días. De 1962 a 1965, la Iglesia Católica celebró el acontecimiento religioso más notable del siglo, con el Concilio Vaticano II, que reunió a más de tres mil obispos católicos, representantes de religiones creyentes en Jesucristo y en no comunión con el Papa, observadores de movimientos de otras religiones no cristianas, filósofos, ateos, etc.

El Concilio Vaticano II generó 16 documentos que sintetizaban más de 800 densos tomos que contenían aportaciones del mundo católico. El documento más grande se le conoce como “Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual”. Tal documento se planteaba manifestar al mundo de hoy, cómo la Iglesia entiende su misión en él. Dentro de miles de aportaciones que llegaron a Roma, muchas no encajaban en los esquemas de los 15 documentos que se elaboraban, y todas esas no se desechaban, sino que se mandaban a lo que se llamaba “esquema XIII”. La ocupación de la Iglesia era presentarse ante el mundo como servidora, simpática y abierta a su comprensión.

El documento citado generó lo que se llamó “una revolución copernicana”, se propuso hacer teología desde el reverso de la historia: ya no partir desde los principios a la realidad(lo que se llama método deductivo), sino partir desde la realidad a los principios(lo que se llama método inductivo). Con esta nueva metodología, se influyó en nuevos documentos que aún no terminaba por elaborarse, como el de Misiones, el de Apostolado Seglar. El cambio metodológico no anulaba el método deductivo, pero sí con el nuevo método se hacía una teología más sensible al mundo en su totalidad. Una teología más vital.


Esa constitución usó tres metodologías convergentes; la inducción, el diálogo y signos de los tiempos. Esto nos enfrenta a tres momentos: a) el paso por las realidades(estadio inductivo), el juicio crítico de la realidad a la luz del Evangelio de Cristo(estado hermenéutico), y la respuesta pastoral o evangelizadora(estadio práctico). 


Esta metodología se fija en la realidad, iluminada por la Palabra de Dios, para llegar a una práctica donde el creyente vea que lo evidente es compromiso. 


Se trata de estar atentos a la historia. 


Atender a los procesos de la realidad, las comunidades y las personas.



jesus_delatorre@live.com.mx

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