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Viernes , 22.06.2018 / 16:57 Hoy

Areópago

En memoria de “El guaque”

Jesús de la Torre T. Pbro.

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El 25 de marzo, falleció el presbítero Miguel Ángel Cervantes quien era párroco de la Parroquia de Santa Cecilia, ubicada en la colonia Las Julietas. Un infarto que no pudo superar, terminó con su vida al medio día del 25 de marzo. Se le despidió el 26, en el Centro Saulo, en una eucaristía presidida por el bispo de Torreón, Dr. Luis Martín Barraza, concelebrando con más de 60 presbíteros, en un lleno impresionante de fieles. Por la tarde de ese día, se le trasladó a su natal Concordia, dónde se le sepultó. Por las condiciones de esos días santos, hasta ahora es posible comentar éste evento

Casi 45 años atrás, fue ordenado sacerdote por el primer Obispo de Torreón, Dn. Fernando Romo G., a campo abierto, frente a la fachada de la Parroquia de Concordia. El Obispo le dijo entonces: “Te tango que llamar padre Guaque, ya que si te procuro como padre Miguel Ángel, la gente no sabrá de quien se trata”. “Guaque”, pues. En años recientes, varias veces fue internado en el hospital, este sacerdote fuerte, deportista. Fácil se le conocía en los ambientes y en los campos de juego de foot ball. En el presbiterio siempre tomaba la iniciativa para organizar equipos de foot ball, para jugar contra los de Gómez Palacio y a veces contra los de Durango.

Empezó a ejercer su ministerio sacerdotal en parroquias de la ciudad de Torreón. Luego en forma muy dedicada, en la Parroquia del Ejido La Unión.. Ejerció como Párroco, en Luchana; en Jesús de Nazareth, en la Colonia Las Alamedas; Parroquia de Nuestra Señora del Refugio, en Matamoros; Capellanía de la Divina Providencia, cerca del Vado del Río Nazas, y Santa Cecilia. De talante muy divertido y accesible.

Se acercó a los presos, a los Drogadictos Anónimos.

Por su estilo peculiar. Por su modo de conducirse, su cultura, no faltaba quien lo juzgara como “padre ejidatario “, que le enorgullecía y por su defensa que siempre hizo de los ejidatarios.

En el perfil ante el pueblo, el P. Cervantes se retrató como un sacerdote de servicio, al que se le disculpaban fácilmente sus fallas, cuando alguien tenía posibilidades de notarlas, como humano que era. Por la agilidad con la que se estaba moviendo, lo que menos se pensaba era que estuviera cercana su muerte Murió como un joven, lleno de vitalidad, con la sorpresa de la muerte, no sólo para el mismo sino para la mayoría de sus compañeros presbíteros.

Descanse en Paz.



jesus_delatorre@live.com.mx

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