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Lunes , 10.12.2018 / 19:04 Hoy

Areópago

Comarca Lagunera, ¿un viejo asunto?

Jesús de la Torre T. Pbro.

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En el más reciente encuentro de fútbol, del equipo Santos, el comentarista del citado encuentro, aludía a un sabio lagunero que le corregía, para que no hablara del citado equipo como de Torreón, sino que era de la Comarca Lagunera. En este modo de pensar, va incluido Gómez Palacio, Lerdo y otras poblaciones laguneras que rebasan los cien mil habitantes, en una unidad poblacional que la llevan a ser, en los hechos, una gran ciudad lagunera.

Si las lluvias siguen aportando agua a las presas laguneras, los laguneros disfrutamos los ríos Nazas y Aguanaval. Muchas comunidades que todas se dicen laguneras. El 24 de mayo de 2015, el Papa Francisco publicó la Carta Encíclica “Sobre el Cuidado de la Creación”, señalada como una enseñanza de carácter social. Recientemente se tienen informaciones de que se estudia su contenido social en relación a las grandes ciudades, como Barcelona, Roma. Agua potable, calidad del aire, recolección y eliminación de basura, uso más promovido de la bicicleta para aligerar la contaminación ambiental, etc., para ver por el cuidado de nuestras grandes ciudades.

Cuando un lagunero conduce su vehículo por cualquier calle de nuestras ciudades laguneras y escucha una mentada de madre del que va conduciendo junto a él, no deja de ser una expresión contaminante que se une a la contaminación multifactorial que existe en la Comarca Lagunera. En las realidad poblacional es bueno conducirse con respeto, responsabilidad, y fraterna relación. No basta que nos veamos con caras alegres mientras estamos en torno al Estadio Santos, ya que son muchísimos intereses más que nos ligan a los prójimos. No se construye un tejido social cuando se produce el grito unánime de gol. La Comarca Lagunera es más que un grito unánime de triunfo deportivo: La estabilidad de la familia favorecida por un salario justo.

La vigencia de la armonía social por una democracia respetada, y no escamoteada por las marrullerías de éstos últimos meses. La educación orientada por un sentido plenamente humanista, y no por los criterios del mercado que dejan al alumno casi como esqueleto por la explotación del mercado. La vivienda digna, con espacios adecuados para la familia, y no los muebles como lo más importante del recinto familiar. La familia como verdadera célula religiosa y civil, donde la unión de la pareja no sea tan efímera, que juntos están mientras se favorece la convivencia y ya después todo se despluma.


jesus_delatorre@live.com.mx

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