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Martes , 16.10.2018 / 13:59 Hoy

Columna de JC Vázquez Mellado

Falacias: la oralidad manda al olvido el modelo tradicional

JC Vázquez Mellado

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Poco se ha hablado de una de las implicaciones que tiene la entrada en vigor del nuevo sistema de justicia penal, y es que no elimina el anterior. No se ha hablado de ello porque generará tantos problemas que se ha evitado mencionarlo con toda intención, lo cual constituye otra de las grandes falacias del nuevo sistema penal.

Todos los actos delincuenciales realizados desde un día antes de la entrada en vigor del proceso oral hacia atrás seguirán siendo juzgados mediante la ley aplicable que en materia procesal penal será el procedimiento inquisitorio escrito y será juez competente el juez penal "tradicional".

Si llevamos al extremo las consecuencias que esa medida pueda tener, significa que un hecho semejante, prácticamente igual, cometido con un día de diferencia o quizá habiendo pasado unos minutos después de las 12 de la noche, sería juzgado por dos sistemas diferentes que se rigen por principios distintos y cuyos resultados prácticos para los inculpados traigan consecuencias diferentes.

Para el inculpado que tuvo la mala fortuna o el desatino de verse involucrado en la comisión de un delito el día antes de la entrada en vigor del nuevo sistema, se aplicará la regla según la cual está sujeto a una averiguación previa en donde no tendría mayor actividad y la víctima es ajena; en cambio, en el segundo caso se trataría de una carpeta de investigación en donde tanto el inculpado y su defensa como la víctima estarán legitimados para actuar.

En el primer caso el Ministerio Público solicitará al juez penal que gire una orden de aprehensión y, en su caso, se dicte un auto de formal prisión; en cambio, en el segundo caso el fiscal acudirá ante la sala de juicio oral y denunciará el delito frente al inculpado y la víctima o su representante y cada uno tiene un amplio margen de acción para obtener el resultado menos gravoso.

No se ha explicado suficientemente esos márgenes de mayor discrecionalidad que se contienen en el sistema oral de eminente corte garantista y protector de los derechos de la víctima para ser resarcido en sus derechos violentados como finalidad primaria del procedimiento. No se toma en cuenta que la finalidad del sistema oral que yo llamo de eficacia consiste en que los casos sean resueltos de inmediato, sin llegar al juicio como tal. En cambio en el sistema actual lo importante es que se dicte el auto de formal prisión, se siga el procedimiento tradicional y se dicte sentencia.

Así, volviendo al caso extremo antes planteado, se permitiría que dos hechos similares sean tratados de formas distintas, bajo principios diferentes cuyas soluciones pueden ser profundamente dispares.

¿Podrá la sociedad entender esta diferencia de criterios de temporalidad en la aplicación de las normas? ¿Se justifica esa disparidad por el solo hecho de que las manecillas del reloj marquen el día de la entrada en vigor del nuevo sistema?

Detrás de estas y otras cuestiones de las que no se habla se esconde una realidad que es lacerante, como la que vivimos en la incredulidad del aparato de justicia.

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Magistrado

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