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Jueves , 20.09.2018 / 18:06 Hoy

Panóptico

Muchos candidatos, poca independencia

Javier Sepúlveda

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La campaña que está en proceso para elegir gobernador, o gobernadora, es una lotería de candidatos que va más allá del mero ejercicio del derecho constitucional a ser votado.

Se enmarca más bien en la necesidad de los partidos por conservar registros y prerrogativas, porque candidatos independientes o ciudadanos propiamente dichos, no hay en este proceso electoral.

El caso de Jaime Rodríguez es un buen experimento sobre cómo construir un candidato a través de las redes sociales, porque su pasado priista lo lleva en los genes y siempre pretende tener el control.

Los de su generación priista lo recuerdan como un aguerrido líder natural que buscaba dirigir el sector campesino de Nuevo León, pero también controlar el Frente Juvenil, cuando los sectores aún tenían un peso específico en las cuotas de poder del PRI.

Sus posiciones disruptivas dentro del modelo priista le valieron muchos enfrentamientos por no someterse a los liderazgos institucionales, incluso como diputado local fue parte del ala disidente en la bancada del PRI del Congreso del Estado. Todo un maestro de la seducción política.

En el caso de Fernando Elizondo, su salida del PAN apuntaba a su retiro definitivo de la política, hasta que alguien lo convenció de aprovechar de nuevo su capital político, el poco que conservó tras perder la gubernatura en 2009.

Su capacidad como administrador y su visión del Estado en temas de desarrollo económico son muy claras y debería aprovecharse su talento y experiencia en el servicio público para la elaboración de programas de gobierno.

El ex gobernador sustituto es el sueño frustrado de la vieja cúpula del PAN por volver al poder. Quedará en eso, en un sueño, igual que el de El Bronco de ser independiente.

En el caso de los aspirantes Ivonne Álvarez y Felipe de Jesús Cantú, los modelos de acceso al poder son muy claros: el reparto de cuotas y espacios para todos los grupos de interés.

Los nombres y apellidos de quienes comienzan a arropar sus campañas esbozan cuáles corporaciones y familias le apuestan a sus respectivos proyectos.

Hay que preguntarse si se suman con la idea genuina de aportar contenidos a la plataforma de las campañas, o de cuánto cuesta colarse en ellas para asegurar posiciones con el eventual ganador.

La independencia, en todos los casos, es mera utopía.

javier.sepulveda@milenio.com

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