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Miércoles , 26.09.2018 / 06:28 Hoy

Panóptico

Los niños que doblaron a Trump

Javier Sepúlveda

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Ni los encuentros, ni los desencuentros, ni las complacencias, ni las genuflexiones de políticos y presidentes de muchos países, incluido México, fueron capaces de frenar las agresiones de Donald Trump contra todo lo que él no está de acuerdo.

Fueron cientos de niños separados de sus padres, hijos de inmigrantes ilegales, detenidos y acusados de criminales por la Patrulla Fronteriza, quienes lograron que el mandatario estadunidense firmara un decreto para cancelar la inhumana segregación de estas familias.

Luego de que el fiscal general, Jeff Sessions, anunciara el pasado 7 de mayo la política de Tolerancia Cero contra los ilegales en la frontera, comenzaron en Estados Unidos algunas protestas aisladas.

Pero tras revelarse los videos del centro de detención de la Patrulla Fronteriza en McAllen, Texas, se multiplicaron las manifestaciones de repudio.

Mientras el mundo se horrorizaba ante las duras imágenes del sufrimiento infantil derivado de una orden presidencial, algo se rompía en el corazón del país donde nació Walt Disney.

En Washington, legisladores demócratas marcharon en protesta, a la par que grupos religiosos de todo tipo se sumaban al repudio de la política trumpiana contra las familias de inmigrantes ilegales.

Por citar algunas, alzaron su inconformidad la Conferencia de Obispos Católicos, la Asociación Nacional de Evangélicos, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y la Convención Bautista del Sur.

Del lado académico, la medida fue condenada por la Academia Estadunidense de Pediatría, el Colegio Americano de Médicos y la Asociación Estadunidense de Psiquiatría, luego que los videos de los niños enjaulados en McAllen, llorando su tragedia mientras los oficiales de la Patrulla Fronteriza se burlaban de ellos, indignaran al mundo entero.

En México, hasta los candidatos presidenciales enfurecieron con la noticia, mientras Trump y sus asesores trabajaban en el control de daños.

Trump acaba de aprender una lección: no es lo mismo ponerse con los de su tamaño, que ser el monstruo de la peor pesadilla infantil: ser separado de sus padres.

javier.sepulveda@milenio.com

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