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Panóptico

Lo mató el ‘bullying’, no la bala

Javier Sepúlveda

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Los investigadores de la Fiscalía General asignados al caso del alumno que se suicidó en la preparatoria del Tec de Monterrey en Valle Alto tienen ante sí el saber, luego de confirmar que sí accionó el gatillo, cómo fue que esa pistola calibre 25 llegó a sus manos.

Si bien se tiene claro que el manejo de armas no le era ajeno a Jakob Hartmann, el joven suicida, el principal objetivo de la autoridad en este momento es averiguar el origen de la pistola que utilizó.

Es difícil ponerse en los zapatos de los padres, quienes pasan por el mayor dolor psicológico que puede experimentar una persona: sepultar a un hijo. Probablemente para ellos ya no importará mucho el rumbo que sigan las investigaciones porque, pase lo que pase, Jakob ya no está.

Sin embargo, por razones de prevención, vale la pena saber el origen del arma; tal vez se la dio alguno de sus compañeros de la preparatoria, un sitio que le causaba mucho sufrimiento a Jakob, porque sufría de bullying.

La hipótesis más sencilla es que haya comprado la pistola en el mercado negro, lo cual será un nudo ciego que obligará a cerrar el caso.

Si no fue así, si alguien cercano se la facilitó, esa persona podría estar no solo frente a un serio problema legal, sino ante una verdadera crisis moral, ya que su acción motivó el suicidio de un estudiante, de un ser humano.

El trabajo de la Fiscalía será crucial para llegar a la verdad en un caso que nos duele a todos como sociedad, que deja con un trauma grave a una familia, y que impacta fuerte a los maestros y compañeros de clase de este joven.

Golpea también a una institución educativa tan prestigiada como el Tec de Monterrey, porque el suicida no escoge un lugar casual, al margen de si hubo o no carta de despedida para explicar su decisión.

Matarse en las instalaciones de su preparatoria fue su última y dura protesta contra quienes percibía como sus verdugos: sus propios compañeros de clase y una institución que no lo protegió del bullying, que lo persiguió y lo orilló hasta el suicidio.

La bala fue el instrumento, el asesino fue el bullying

javier.sepulveda@milenio.com

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