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Martes , 17.07.2018 / 20:01 Hoy

Panóptico

El 'origen' de los disparos

Javier Sepúlveda

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Dolorosamente, el tema de conversación durante muchos días será el ataque a balazos que Federico, un joven de 15 años que luego se disparó en la boca, llevó a cabo contra tres compañeros de su clase y su maestra.

Más temprano que tarde salió a la luz cómo fue que este alumno de secundaria, quien falleció horas después en el hospital, logró hacerse de una pistola calibre .22 con balas suficientes para arruinarle la vida a muchos más de sus compañeros.

La pistola es de su padre, quien le enseñó el manejo diestro de armas porque es aficionado a la caza y posee esa y varias más.

Y aquí es donde entra la discusión moral sobre enseñar o no a los menores de edad el manejo de armas con el pretexto de que la cacería es un deporte como cualquiera.

El riesgo de un accidente doméstico es tal vez el menor de los males. El verdadero peligro llega cuando estas armas en manos de menores salen de casa.

Más allá de la discusión sobre la influencia de las redes sociales en los niños y adolescentes, hay que preguntarse qué tan tóxico o poco nutricio ha sido el entorno familiar de quienes cometen este tipo de agresiones.

En el caso de Federico, se dijo desde la misma mañana del ataque que enfrentaba un cuadro de depresión por el cual ya recibía tratamiento psicológico. Es obvio que la situación se desbordó y nadie se dio cuenta.

Hacen falta más psicólogos escolares que detecten y atiendan a tiempo las patologías infantiles y adolescentes de las que ninguna familia está exenta de que detonen en sus hijos.

Yo sé cómo educar a mis hijos, gritan los tradicionalistas. Dolorosamente Federico es el síntoma de un malestar familiar y educativo que cobró una factura social muy cara.

Hace falta invertir mucho más en la educación inicial que genera bebés felices derivados de padres que los atienden y los entienden mejor.

En la temprana infancia está el origen de las peores psicopatías. Cuando llegan a la escuela disfrazadas de depresiones y con un arma dentro de la mochila… ya no hay nada que hacer.

javier.sepulveda@milenio.com

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